Octubre 2006

"A los viejos les cuesta pensar que pueden ser eróticos"

El especialista en gerontología dice que reconectarse con lo erótico es reconectarse con la risa, el buen humor y el interés por la vida. Y considera que el Viagra "viene bárbaro" como aliento al deseo.

Laura Leonelli Morey
De nuestra Redacción

Con el propósito de romper con los rígidos estereotipos negativos sobre el erotismo y la vejez, Ricardo Iacub incursiona desde la psicología sus diferentes concepciones a lo largo de la historia para demostrar que esas nociones son construcciones culturales que constriñen el modo de pensar, actuar y sentir lo erótico y que, como todo artificio, es por fortuna susceptible de ser cambiado.

"La idea es deconstruir por qué llegamos a este estado en que todavía hay tantos prejuicios en cuanto a la vejez y la sexualidad, tratando de ver los orígenes históricos y mostrar que no siempre fue así", explica el especialista en gerontología y docente de la Universidad de Buenos Aires en la materia Psicología de la Tercera Edad y Vejez. Estuvo ayer en Córdoba para presentar su libro Erótica y Vejez.

–¿Por qué la necesidad de escribir un libro específico?

–Así como los gays y las feministas tuvieron que re-contar una nueva historia acerca de sí para poder situar una nueva demanda social, hacía falta decir que en relación al erotismo y la vejez no hay ningún elemento natural, que es efecto de la cultura negativa y que puede ser distinto.

–¿Qué prejuicios hay sobre la vejez?

–Hay varios. Uno que viene del siglo XIX tiene que ver con la perversión de la sexualidad de los viejos: el viejo verde y el viejo pedófilo, por ejemplo. Hubo que hacer muchísimas investigaciones para demostrar que no era cierto. Pero también hay otros que apuntan a que los viejos ya no se enamoran o que son feos.

–¿Esto se relaciona con la idea de que la belleza, lo erótico y lo sensual son sinónimos de juventud?

–En los griegos y romanos aparece esta idea de que la belleza, lo erótico tenía que ver con la juventud porque era una cultura a la que le interesaba mucho la reproducción. Ahora tenemos una cultura similar: a los viejos, en particular a las mujeres, les cuesta pensar que pueden ser eróticos o deseables. Una de las grandes cargas que tienen no es tanto que no pueden sino que nadie los desea.

–¿Siempre fue así?

–En el Antiguo Testamento no hay ningún elemento prohibitivo de la sexualidad en la vejez, al contrario, hay un aliento. Se le dice al hombre que va a amar y desear apasionadamente los pechos de su mujer a lo largo de toda la vida. Cuando uno piensa que pasó, siempre supone que es natural, que es así.

–¿Y los profesionales tienen prejuicios?

–Freud dijo cosas horrorosas; él consideraba que la mujer es vieja a los 40 años y que la mujer de mediana edad se volvía impertinente, avara, mezquina. Un genio como Freud pudo decir tamaña estupideces. Lo que cuestiono es cómo la ciencia o la Academia en cierto momento puede decir barbaridades y durante siglos se repiten porque las dijo alguien supuestamente importante. Se llegó a decir también que las mujeres si tenían mucho deseo tenían algún tipo de enfermedad.

–¿Qué significa el erotismo en la vida?

–La sexualidad no se rige ni por la belleza ni por los modelos ideales, simplemente se rige porque es un deseo básico de vida, es un gusto por el encuentro, una necesidad de compañía. Y que cuando los viejos pierden esto, pierden vida. Eso provoca la deserotización, el sentir que ya no le voy a gustar a nadie. Para algunos es muy doloroso. La reconexión con lo erótico es una reconexión con la risa, con el buen humor. Despierta el interés por la vida.

– ¿Cómo se puede cambiar ese sentir negativo?

–Uno de los grandes lugares de cambio son los centros de jubilados, los espacios propios de los adultos mayores porque permiten romper con el paradigma de la juventud. Cuando los mayores se juntan con otros mayores empiezan a verse lindos, a gustarse. El deseo no pasa porque tengas una medida ideal sino por lo que nos sucede en cualquier relación intersubjetiva.

–¿Qué consejos puede dar?

–Empezar a pensar que la vejez no implica olvidarse de que el cuerpo puede ser una fuente de goce en cualquier momento de la vida, por más que haya achaques o dolorcitos. Y tampoco perder la perspectiva de que el goce sexual sigue estando hasta que nos morimos. Armar una nueva pareja es una posibilidad maravillosa, una experiencia de amor y de deseo sexual apasionado. Pero también, quienes no puedan acceder a una pareja, animarse a todos los goces personales. Insisto en la masturbación porque la mayoría de los mayores se masturba pero siente una vergüenza y culpa horrorosa.

–Como aporte de la medicina, los anticonceptivos fueron un símbolo para la liberación de la sexualidad. ¿Hoy es importante el Viagra?

–Sí. No todos los viejos lo necesitan pero es un recurso que tranquiliza mucho y ayuda cuando hay dificultades. Viene bárbaro, como todo medicamento que aliente al deseo. Pero las personas mayores deben entender su nueva fisiología. No es que el cuerpo no funciona, sino que lo hace de otra manera.


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