Laura Leonelli Morey
De nuestra Redacción
Con el
propósito de romper con los rígidos estereotipos negativos sobre el
erotismo y la vejez, Ricardo Iacub incursiona desde la psicología sus
diferentes concepciones a lo largo de la historia para demostrar que esas
nociones son construcciones culturales que constriñen el modo de pensar,
actuar y sentir lo erótico y que, como todo artificio, es por fortuna
susceptible de ser cambiado.
"La idea es deconstruir por qué llegamos a este estado en que todavía
hay tantos prejuicios en cuanto a la vejez y la sexualidad, tratando de ver
los orígenes históricos y mostrar que no siempre fue así", explica
el especialista en gerontología y docente de la Universidad de Buenos Aires
en la materia Psicología de la Tercera Edad y Vejez. Estuvo ayer en Córdoba
para presentar su libro Erótica y Vejez.
–¿Por qué la necesidad de escribir un libro específico?
–Así como los gays y las feministas tuvieron que re-contar una nueva
historia acerca de sí para poder situar una nueva demanda social, hacía
falta decir que en relación al erotismo y la vejez no hay ningún elemento
natural, que es efecto de la cultura negativa y que puede ser distinto.
–¿Qué prejuicios hay sobre la vejez?
–Hay varios. Uno que viene del siglo XIX tiene que ver con la perversión
de la sexualidad de los viejos: el viejo verde y el viejo pedófilo, por
ejemplo. Hubo que hacer muchísimas investigaciones para demostrar que no
era cierto. Pero también hay otros que apuntan a que los viejos ya no se
enamoran o que son feos.
–¿Esto se relaciona con la idea de que la belleza, lo erótico y lo
sensual son sinónimos de juventud?
–En los griegos y romanos aparece esta idea de que la belleza, lo erótico
tenía que ver con la juventud porque era una cultura a la que le interesaba
mucho la reproducción. Ahora tenemos una cultura similar: a los viejos, en
particular a las mujeres, les cuesta pensar que pueden ser eróticos o
deseables. Una de las grandes cargas que tienen no es tanto que no pueden
sino que nadie los desea.
–¿Siempre fue así?
–En el Antiguo Testamento no hay ningún elemento prohibitivo de la
sexualidad en la vejez, al contrario, hay un aliento. Se le dice al hombre
que va a amar y desear apasionadamente los pechos de su mujer a lo largo de
toda la vida. Cuando uno piensa que pasó, siempre supone que es natural,
que es así.
–¿Y los profesionales tienen prejuicios?
–Freud dijo cosas horrorosas; él consideraba que la mujer es vieja a los
40 años y que la mujer de mediana edad se volvía impertinente, avara,
mezquina. Un genio como Freud pudo decir tamaña estupideces. Lo que
cuestiono es cómo la ciencia o la Academia en cierto momento puede decir
barbaridades y durante siglos se repiten porque las dijo alguien
supuestamente importante. Se llegó a decir también que las mujeres si tenían
mucho deseo tenían algún tipo de enfermedad.
–¿Qué significa el erotismo en la vida?
–La sexualidad no se rige ni por la belleza ni por los modelos ideales,
simplemente se rige porque es un deseo básico de vida, es un gusto por el
encuentro, una necesidad de compañía. Y que cuando los viejos pierden
esto, pierden vida. Eso provoca la deserotización, el sentir que ya no le
voy a gustar a nadie. Para algunos es muy doloroso. La reconexión con lo erótico
es una reconexión con la risa, con el buen humor. Despierta el interés por
la vida.
– ¿Cómo se puede cambiar ese sentir negativo?
–Uno de los grandes lugares de cambio son los centros de jubilados, los
espacios propios de los adultos mayores porque permiten romper con el
paradigma de la juventud. Cuando los mayores se juntan con otros mayores
empiezan a verse lindos, a gustarse. El deseo no pasa porque tengas una
medida ideal sino por lo que nos sucede en cualquier relación
intersubjetiva.
–¿Qué consejos puede dar?
–Empezar a pensar que la vejez no implica olvidarse de que el cuerpo puede
ser una fuente de goce en cualquier momento de la vida, por más que haya
achaques o dolorcitos. Y tampoco perder la perspectiva de que el goce sexual
sigue estando hasta que nos morimos. Armar una nueva pareja es una
posibilidad maravillosa, una experiencia de amor y de deseo sexual
apasionado. Pero también, quienes no puedan acceder a una pareja, animarse
a todos los goces personales. Insisto en la masturbación porque la mayoría
de los mayores se masturba pero siente una vergüenza y culpa horrorosa.
–Como aporte de la medicina, los anticonceptivos fueron un símbolo para
la liberación de la sexualidad. ¿Hoy es importante el Viagra?
–Sí. No todos los viejos lo necesitan pero es un recurso que tranquiliza
mucho y ayuda cuando hay dificultades. Viene bárbaro, como todo medicamento
que aliente al deseo. Pero las personas mayores deben entender su nueva
fisiología. No es que el cuerpo no funciona, sino que lo hace de otra
manera.