Septiembre de 2007
Comunicarse
con la gente o aislarse
¿he
allí el dilema de los mayores?
Recientemente una muy
prestigiosa Revista Científica de Psiquiatría Geriátrica indicaba que uno
de los principales problemas de los adultos mayores de Canadá eran los temores
a salir al exterior o a los espacios abiertos, también llamado agorafobia.
Situación que no parece tener que ver exclusivamente con problemas sociales,
económicos y ni siquiera de salud.
Creo que esta investigación
es totalmente aplicable a nuestro país y creo que si es importante tener en
cuenta que existen diversos motivos por los que la gente grande siente
preocupación por salir como por ejemplo el temor a un accidente, la falta de
recursos económicos para poder viajar cómodos, miedos frente a la inseguridad
y también por la carencia de objetivos claros y de propuestas, es decir: ¿adónde
vamos, para qué y con quién?
Muchas personas mayores
suelen ir retirándose lentamente de las calles y de los lugares de encuentro más
clásicos como el café, el club, o las visitas a familiares, con excusas de muy
diversos tipos y más o menos ciertas. La
cuestión es que lo que muchas veces no se expresa es el temor que existe a que
algo no ande bien fuera de la casa y la íntima sensación de que algo no anda
bien en nosotros mismos. Por esto, una creciente desconfianza y pérdida de la
autoestima, lleva a que con el afán de “cuidarse” se comiencen a evitar
salidas, encuentros o actividades.
¿Cuáles son las
consecuencias?
Múltiples investigaciones
nos muestran que el evitar los contactos con el exterior terminan teniendo
consecuencias inesperadas, ya que aquello que supuestamente nos iba a proteger,
termina poniéndonos en peligro.
Concretamente hoy sabemos
que no salir suele tener como
consecuencia el dejar de mantener contactos, y que esta pérdida de relaciones
puede provocar reacciones muy diversas como malestar en el sueño, dormir poco y
mal; mayor presión arterial, tendencia a la depresión y a la ansiedad,
creciente desconfianza hacia los otros y hacia uno mismo, pensamientos
repetitivos y pérdida de recursos intelectuales como la memoria y hasta una
mayor tendencia al suicidio.
Por el contrario los
contactos sociales promueven más años de vida y con mejor calidad. Por esto,
de grandes, cuando ya no está el marco laboral que nos daba contactos y
relaciones, cuando puede faltar la pareja o los amigos de toda la vida, es
necesario que podamos sobreponernos a los temores y salir en busca de nuevas
relaciones, ya sean amigos, parejas, vecinos, clubes, centros, etc. La familia,
los hijos y nietos, no siempre pueden dar ni compartir todas estas necesidades.
Es decir, tenemos que tratar de animarnos a encontrar toda la mayor gama de
relaciones sociales, incluyendo actividades, salidas, viajes, amistades, parejas
y todo lo que ustedes imaginen y les permita compartir la vida.
No importa cuan seguidos
sean nuestros encuentros, cada uno sabrá cuantos. También debemos pensar que
el teléfono o Internet, a través de sus múltiples formas de intercambio,
pueden acompañar nuestras relaciones con la gente.
El ser humano es básicamente
gregario y por lo tanto necesita siempre estar con otros seres humanos. Cuando
esto no sucede parece perderse esa chispa vital que solo se da cuando nos
encontramos con quien nos hace reír, emocionar, recordar, charlar,
intercambiar, proyectar, enamorarnos
o que se yo cuantas cosas más, de esas que hacen que la vida sea simplemente la
vida.