Septiembre de 2005
A
los lectores: quisiera compartir con ustedes este consultorio
epistolar, que aunque no es igual a uno cara a cara, si considero que podremos,
a partir de sus cartas, pensar juntos algunas temáticas que suceden en la
segunda mitad de la vida, desde las
inquietudes más personales.
Queremos
dejar en claro que la identidad de quien escriba será reservada y que no hace
falta poner ni su nombre ni su apellido en la carta .
Espero
que estas reflexiones les ayuden a pensar, pero obviamente, y aunque me repita
vale la pena insistir en ello, no reemplazan una consulta psicológica.
Estimada
Delia: su carta nos permite comprender lo complejo que
resulta sobrellevar la pérdida de una pareja, y es importante tener en cuenta
los modos para superarlo.
Perder
al esposo/a implica tener que revisar el modo en que uno ha vivido, y plantearse
cómo seguir adelante, sin ese compañero/a que, de mejor o peor manera, o ambas
a la vez, compartió y recorrió con uno gran parte de la vida.
Por
eso los primeros tiempos son tan duros, por el dolor lógico que produce la
falta, y también porque el mundo que se vuelve difícil y a veces extraño.
Muchos
pacientes me dicen : “pero si yo no me llevaba tan bien, por qué ahora lo
sufro tanto”, ante lo cual es importante comprender que los problemas
afectivos que se habían tenido pueden producir una difícil resolución del
duelo. En toda relación afectiva existen amores y broncas, los cuales transitan
juntos y a veces uno y otro se potencian. Pero en una relación que fue muy
complicada, y se produjeron heridas muy fuertes, al tiempo que siguió habiendo
afecto, cuando la pareja ya no está, esos conflictos pueden tomar una nueva
dimensión, generarnos bronca y al mismo tiempo culpa por eso que sentimos. Esa
culpa se convierte en autoreproches que lastiman y dificultan terminar con ese
duelo.
Pero
creo que en su caso se suma la ida de su hijo a España. Muchas madres de
nuestro país han visto irse a sus hijos buscando nuevas salidas laborales, y más
allá de saber que es una decisión para el bien de los hijos, no deja de ser
una dolorosa pérdida del contacto habitual.
En
su caso personal, creo que estos cambios la han llevado a sumergirse en un mundo
de añoranzas y de nostalgia que la llevó a la tristeza que usted comenta,
porque nadie puede vivir solo de recuerdos.
Su
familia está ocupada y quizás no pueda darle todo lo que usted necesita, pero
si hay salidas muy interesantes en esta etapa de la vida, que le darán la
posibilidad de relacionarse con personas, intereses y deseos. Lo que hará que
se conecte hoy y pueda proyectar un futuro.
Ah,
me olvidaba, justamente su preocupación por la memoria. Usted comenta que
cuando va a buscar algo, al llegar se olvida de lo que iba a buscar; o comenta
no recordar algunos números de teléfono. En principio podríamos decir que es
habitual cuando uno está ensimismado en un problema, y particularmente tratándose
de un duelo, que no recuerde, o más bien no ponga interés ni en buscar en su
memoria ni en el momento de fijar el recuerdo. La preocupación anda por otro
lado.
Delia el último paso del duelo es poder recordar con placer a ese ser querido. Y también saber que la vida nos sigue deparando oportunidades, el riesgo no está en salir, sino en quedarse demasiado solo con los recuerdos.