Octubre de 2006
¿La
gente grande es feliz?
No
es fácil definir que significa la felicidad. Cuando creemos alcanzarla se nos
escapa como arena que se derrama entre las nuestras manos. Pero también sabemos
que cuando menos nos damos cuenta nos tropezamos con ella, y allí con un mate,
un cafecito y una buena compañía, nos encontramos embriagados de placer. Por
eso hoy me interesa pensar con ustedes, si creemos que la gente grande puede
ser feliz.
“Juventud
divino tesoro" aparece como una consigna sagrada a la hora de pensar
ciertos estilos de vida y por qué no, algunas sensaciones y estados de ánimo.
Una de estas parece ser la felicidad, a
la que solemos asociar a la juventud y disociarla de la vejez.
Desde
hace algunos años se ha comenzado a
pensar de un modo científico sobre este tema y quisiera traerles algunos
resultados que se hallaron. En una investigación realizada en
Por
esto quisiera hacer referencia también a los resultados de una reciente
investigación hecha en EEUU. Se entrevistó a dos grupos, uno de ellos, sus
componentes tenían en promedio 30 años; y el otro de 70 años. A unos y otros
se los interrogaba acerca de su
presente, su pasado y sus futuras expectativas de felicidad y de cuán
felices serían cuando el grupo de 30 tuviera aproximadamente 70 y cómo se
imaginaba el grupo de los mayores en el futuro.
Los
resultados fueron interesantes ya que, por un lado, ambos
estimaron que iban a estar menos felices a medida que envejecieran; pero,
por el otro, en los autoinformes, es decir donde se la gente hace referencias más
personales, las personas mayores
demostraron encontrarse más felices que los jóvenes.
¿Por
qué nos sorprende? Porque nos muestra que los mayores pueden ser más felices
que los más jóvenes lo que tira abajo una serie de estereotipos del supuesto
"drama del envejecimiento".
Para
la investigadora no son claros los motivos por los cuales una persona mayor
puede sentirse mejor y especula con que focalizan
menos en los logros y más en las relaciones personales y en el disfrute más
inmediato de la vida. Pero también hay otras respuestas. Hace un tiempo,
mientras daba una charla, le pregunté al auditorio acerca de la felicidad de la
gente grande y una señora se paró y me dijo más o menos así: “Este es el
momento más feliz de mi vida, porque puedo hacer lo que quiero y lo que me
gusta, cuando toda mi vida había tenido que hacer cosas para los otros”
Todo
esto nos muestra como la idealización
de la juventud y la descalificación de la segunda mitad de la vida nos
llevan a limitar nuestra propia percepción acerca de nuestra vida y a temer un
futuro que probablemente nunca llegue a suceder. Resulta notorio cómo cuando la
gente mayor habla sobre la vejez repite
ideas negativas acerca de esta etapa
vital sin poder pensar como la está pasando en su vejez.
Si
fuésemos mejores pronosticadores de nuestros padecimientos o disfrutes podríamos
sufrir menos, especialmente en la mediana edad, tratando de evitar el
envejecimiento; alejaríamos negras profecías que pueden autorealizarse, y así
podríamos mirar con mayor realismo
la vejez para que sea posible manejar esta etapa vital del modo más personal
posible y seguir creyendo que podemos tropezarnos con la felicidad.