Junio de 2007
Los
Geriátricos: ¿cuándo, cómo y por qué?
No
resulta fácil tener una opinión objetiva respecto de los geriátricos, ya que
por un lado se los critica muy fuertemente y por el otro se los usa sin
cuestionarlos. Nuestra sociedad no ha podido elaborar seriamente qué queremos
de estas instituciones, es decir, determinar con mayor claridad cual sería su
función social, si la tuviese.
Esta historia asilar, es decir de depósito
y encierro, sigue en vigencia lamentablemente en muchas de estas residencias.
A diferencia de las nuevas perspectivas que consideran que estas instituciones
deberían responder a criterios de
libertad, desarrollo individual y cuidado de las problemáticas específicas del
residente.
¿Son necesarias estas instituciones?
La
cantidad de personas mayores ha ido incrementándose en el último siglo y, a
diferencia de otras generaciones, la cantidad de hijos se redujo; así también
la familia tiende a vivir más concentradamente en lo que se llama la familia
nuclear (padres e hijos), no como antes, cuando convivían varias generaciones.
Los cambios también son parte de una nueva forma de funcionamiento de la
familia, como la mayor inclusión de la mujer en lo laboral y otro tipo de
modificación en los lazos entre las generaciones. Todas estas variaciones
hicieron que el cuidado de los mayores haya sido en buena medida delegado en
instituciones específicas, entre ellas el geriátrico.
Entonces el tema que me planteo es el
siguiente: ¿el problema está en el geriátrico o en el modo en que esta
institución debería cumplir una función social más clara y delimitada?
Una
serie de preguntas vienen a mi mente: ¿Toda persona mayor la necesita?, ¿cuándo
hace falta?, ¿toda internación debería ser para siempre?, y en última
instancia ¿cómo debería funcionar entonces una Residencia para Adultos
Mayores?
Vayamos
respondiendo de a una:
-
No toda persona mayor lo necesita, de hecho solo el 2% de los adultos mayores en
nuestro país vive en este tipo de residencias.
-
En algunos casos resulta útil cuando la situación de vida, ya sea por
enfermedad o por carencias de diverso tipo, lleva a que vivir en la propia casa
resulte peligroso y no se cuente con ayudas externas.
-
Sí es posible que una persona se aloje en una Residencia después de una
operación o ante un proceso de enfermedad agudo, y que una vez que no lo
requiera más vuelva a su casa. Esto es factible aunque en muchas personas
existe el temor de que no tenga vuelta atrás.
¿Qué deberíamos esperar entonces de
una Residencia para Adultos Mayores?
En
principio vuelvo a retomar los principios antes citados: respecto por la
libertad, desarrollo individual y cuidado por las problemáticas específicas.
Sabemos
que en principio alojarse en una residencia no supone enfermedad, por lo tanto
debemos hablar de residentes y no de pacientes.
Cada residente debe tener derecho a
disponer de su vida, salir y entrar, recibir visitas, mantener una comunicación
abierta por teléfono, carta o correo electrónico, etc. O poder tener la
capacidad de reclamar ante autoridades si en la residencia hubiese problemas que
molesten al usuario.
Es
lógico comprender que algunas cuestiones relativas a las elecciones personales
no son posibles, ya que vivir en una institución implica aceptar ciertas
decisiones colectivas, a las que habrá que adecuarse; pero no si estas
invalidan los derechos elementales de una persona.
Una Residencia debe ser un espacio que dé
lugar al desarrollo individual, por ello el que haya profesionales, no solo de
la salud sino también otros que permitan la recreación y el crecimiento, puede
ser altamente beneficioso.
Por
último creo que debemos tener en cuenta que una Residencia no puede atender o
cuidar problemáticas tan distintas, desde aquellos que están alojados por
sentirse solos o por requerir ciertas ayudas básicas hasta la problemática de
las demencias. Es decir, debemos tratar
de que una Residencia se adecue a las necesidades de las diversas formas de
envejecer para que sean estimulantes y no depresivas.
Creo
que esto es posible y tenemos buenos ejemplos en nuestro país. Pero considero
muy necesario que la persona mayor pueda
decidir y saber elegir, lo cual implica defender sus derechos. Pero también es
necesario que nuestra leyes controlen más y mejor lo que allí sucede.
Una
buena Residencia para Adultos Mayores puede ser útil socialmente en la
medida en que sepamos como sociedad lo que queremos y controlemos todos
juntos el modo de vivir que allí se da, sin esperar que un incendio, una catástrofe
o una denuncia nos hagan mirar lo que allí ocurre.