Febrero de 2007
¿Sentirse
útil nos ayuda frente a la discapacidad y la muerte?
Día
a día recibimos más investigaciones que nos interesan, porque están cerca de
lo que cada uno de nosotros siente y necesita. Por ello hoy les quiero contar un
nuevo hallazgo de la ciencia, de esos que nos impactan, y que acaba de llegar a
mis manos.
Cotidianamente
escuchamos decir a la gente mayor que ya no se sienten útiles para nadie, que
las ganas de brindarse a otros ya no encuentra un receptor. Este sentir se
traduce muchas veces, en perder el “sentido y gusto de la vida”, ya que no
se encuentran proyectos donde uno pueda seguir creciendo personalmente o no se
hallan roles que se consideren importantes para encontrarle un motivo y un interés
a vivir.
Por
eso quiero contarles esta investigación que acaba de ser publicada en EUA, pero
antes introducirles algunas otras, hechas con anterioridad en diversos países.
Una
investigación llevada a cabo en Francia (1988) demostró que las personas que
no se sienten útiles tenían mayores probabilidades de quedar discapacitadas.
Posteriormente
en Japón (2004) se llevó a cabo una investigación que demostró que las
personas mayores de 65 años o más que no se sienten útiles a la sociedad, a
diferencia de aquellos que si lo sienten por realizar tareas de voluntariado
social u otras, tenías dos veces más posibilidades de morir en los siguientes
6 años.
En
el mismo año en Finlandia encontraron que las personas de 75 años y más que
se sienten necesitadas por los otros, a diferencia de aquellas que no lo
sienten, tenían menos probabilidades de morir en los próximos 10 años.
Todos
esto nos demuestra que sentirse útil y necesitado tiene un fuerte impacto en el
mejor funcionamiento físico de una persona y que los límites entre la vida y
la muerte, así como la buena y la mala
calidad de vida se encuentran fuertemente influenciadas por nuestras creencias y
actitudes, es decir por nuestra mente.
En
esta investigación se tomaron en cuenta las anteriores aunque se profundizaron
los objetivos. Se trabajó con 1.189 personas de entre 70 y 79 años con un
adecuado nivel físico y mental de funcionamiento durante un período de 7 años.
Los
resultados fueron más que interesantes, aquellos que no se sentían útiles
fueron quienes más experimentaron un incremento en los niveles de discapacidad
y de mortalidad a lo largo del tiempo, a diferencia de los que nunca o raramente
se sentían inútiles o improductivos. El dato más concluyente es que aquellas
personas mayores que no se sienten útiles tienen 4 veces más posibilidades de
discapacitarse o fallecer, que los que raramente lo sienten.
¿Porque
sucede esto? Hay distintas respuestas. Por un lado sabemos que cuando no nos
sentimos útiles, es decir bien con nosotros mismos, nos cuidamos menos, dejamos
todo en manos del doctor, de los hijos, haciéndonos irresponsables de nosotros
mismos. Esto lleva a quejarnos mucho y hacer poco. Es decir tenemos menos
relaciones sociales (lo cual también está comprobado que afecta la calidad y
cantidad de años de vida), hallamos menos actividades que nos gustan y por lo
tanto empezamos a mirarnos el ombligo o más bien lo que no funciona en nosotros
más que lo que si funciona.
Por
otro lado también sabemos que el estrés (es decir la sensación de
desvalimiento frente a una situación compleja o incluso frente a la vida)
genera que nuestro sistema inmunitario (lo que nos defiende de las diversas
agresiones que recibe nuestro cuerpo) funcione deficientemente y que una
enfermedad se pueda complicar más que si nuestro sistema inmunitario funcionase
mejor. También sabemos que las personas que tienen criterios negativos sobre el
envejecimiento padecen su vejez y esto los lleva a tener más posibilidades de
enfermar, discapacitarse y morir.
Creo
que estas investigaciones nos aportan ideas fundamentales ya que está en
nosotros hacer algo con la vida. Algunos encontraron sentirse útiles ayudando
en tareas de voluntariado o en actividades socio-comunitarias, otros,
simplemente en hacer lo que les
gusta para si, su familia o sus amigos.
No
importa como, lo que importa es empezar...