Febrero de 2006
¿La
sabiduría un desafío en la tercera edad?
El
mes anterior habíamos desarrollado una serie de ideas con respecto a la sabiduría,
tomando en cuenta la noción de buen juicio que posibilite la prudencia y la
organización y planificación de la vida personal. Hoy vamos a tomar otra
perspectiva que desarrolla el psicoanalista Heinz Kohut y que creo nos seguirá
enseñando algo más sobre este desafío, muy propio de los mayores. A pesar de
que este autor no se dedica especialmente a los mayores ni tampoco a la sabiduría,
si se acerca de una manera muy interesante a nuestras temáticas a través de lo
que denomina “transformaciones del
narcisismo”.
¿Qué
significa esto? Son las modificaciones que se producen en las imágenes y
creencias que tenemos acerca de cómo somos
y quienes somos, a lo largo de la vida y que hacen que nos querramos o no, que
nos veamos agradables o no. Solemos tener la idea del narcisismo como pura
presuntuosidad, sin embargo este concepto, desde un punto de vista más amplio,
es el que permite que tengamos una representación de nosotros más querible, lo
cual resulta necesario nada más y nada menos que para relacionarnos con
nosotros mismos y con los otros, así como para enfrentar la vida. Muchos
adultos mayores no sienten que la propia imagen los represente como ellos
quisieran, situación que los lleva a sentirse incómodos consigo mismos o a
pensar que su cuerpo es un extraño. Situaciones que pueden llevar a la vergüenza
de si, al temor o a verdaderas guerras con el cuerpo que pueden ser lesivas
tanto a nivel psicológico como físico.
Por
eso vamos a partir de una serie de características que describe Kohut y que
permiten dar un nuevo sentido a la sabiduría a través de la idea que
conformamos acerca de nosotros mismos.
En
primera instancia describe la creatividad
como una nueva forma de relación con los objetos, por ejemplo el artista
parece fundirse con el material que trabaja, perdiéndose los límites entre uno
y el otro. Esta capacidad podríamos pensarla como una mayor plasticidad frente
a las cosas. Posición que permite deshacernos
de actitudes rígidas y abrirnos a pensar o hacer de otra manera, descubriendo
nuevas alternativas sin temor a equivocarnos. Ser creativos en última instancia
nos permite salir de las miradas únicas para abordar nuestra vida de modos más
originales.
La
otra característica es la empatía,
a la que describe como la capacidad de comprender al otro con una sola mirada o
percepción. Desde otra perspectiva podemos pensarla como el ponerse en el lugar
del otro y poder entender desde allí como piensa. Lo que mucha gente denomina
intuición no es más que esa capacidad empática de conocer la perspectiva del
otro. Lo importante en este caso es la posibilidad de desarrollar nuevos puntos
de vista acerca de nuestras relaciones con los otros y con nostros mismos que
nos permitan entender y entendernos mejor sin tantas ideas preconcebidas y
prejuicios acerca de cómo se debe ser.
La
tercer característica que describe es el
humor, el cual nos sirve para poder sobrepasar lo difícil. El humor muchas
veces nos permite superar esos acontecimientos que parecen insuperables, el
reirse de uno mismo es jugar con esa frontera del dolor o de vergüenza,
pudiendo allí encontrarnos con la risa que nos libera del malestar padecido.
Por eso reirnos es tan terapéutico. Que mejor después de un papelón el poder
contarlo y reirse con amigos, ya que frente a eso que no se puede cambiar sin
embargo nos queda disfrutarlo pudiendo mostrarnos en el error sin que ello
implique la burla ni el desdén. Como psicólogo tengo muy en claro que para
mejorar, una de las tareas básicas es poder reirse de lo que uno no puede o no
le sale, porque solo desde esa actitud de reconocimiento de lo que nos pasa,
pero sin vergüenza, podemos empezar a cambiar.
Una
cuarta característica es el reconocimiento
de nuestra finitud, lo cual significa saber que nuestra vida tiene un límite
concreto, que los objetivos que nos pongamos tienen un tiempo posible para ser
realizados, sin que esto nos lleve a la preocupación por sentir que nos queda
poco tiempo. Jorge Luis Borges pensaba que si el hombre no tuviese noción de su
límite todo podría ser postergado infinitamente y la vida, agrego, se
convertiría en un supino aburrimiento. El saber que es lo que quiero y que lo
debo disfrutar tanto como sea posible se vuelve una necesidad. Una señora que
participaba en un grupo de mayores ante la pregunta acerca de porque disfrutaba
todo tanto me decía porque estamos atados por un hilo a la vida y entonces hay
que aprovecharla más que nunca. El reconocimiento de la finitud también puede
tomar otros sentidos. Algunos consideran que uno puede dejar un legado, lo que
implica que algo de uno vivirá en los seres queridos. Otros piensan que al no
estar físicamente se pueden proyectar en otra forma de vida. Y algunos
consideran que algo de lo nuestro vivirá en los hijos nietos y generaciones
subsiguientes. Cipe Lincovsky en una entrevista que le hice para mi libro lo decía
de esta forma: “Yo no sabía lo que era volar...hice los ejercicios más locos
para aprenderlo... finalmente cuando nació mi primer nieto lo aprendí...
porque ves tus mismos rasgos que se continúan...”.
Por
último llegamos a la sabiduría la cual se logra gracias a
la aceptación y transformación de las limitaciones de las capacidades físicas,
intelectuales y emocionales. Deben combinarse la creatividad, la empatía, el
sentido del humor y la aceptación de la muerte para posibilitar la sabiduría.
La que nos posibilitaría una actitud estable de la personalidad frente a la
vida.
La creatividad y la empatía son propios de la
juventud, el humor se termina de alcanzar con la adultez y la aceptación de la
muerte con la mediana edad, lo cual da como resultado que la sabiduría sea una
logro de la tercera edad.
La esencia de este notable logro es un
abandono total de los delirios omnipotentes aunque encontrando
alternativas y atajos para hallar nuevas posibilidades aun cuando aceptemos que
muchas cosas no son posibles
La
sabiduría se caracteriza también por seguir conectándonos afectivamente con
nuestros deseos y objetos de amor y por sostener una capacidad creadora
permanente. Kohut hacia el final nos da una bella frase para describir la
sabiduría: Es el control final del jinete sobre su montura, con un caballo ya
envejecido.
Para
concluir sobre este tema tan vasto, quisiera volver a acentuar que la sabiduría
pareciera navegar entre dos aguas, el reconocimiento de la realidad, con todos
sus límites y riesgos, al mismo tiempo que la expansión creativa que permite
encontrar un camino personal que nos siga manteniendo interesados y entusiastas
con la vida.