Enero de 2008
¿Existe
el “amor mayor”?
Hasta
hace poco tiempo, si hubiésemos tenido que responder esta pregunta, seguramente
hubiésemos considerado que no o que, como dice la canción Años del cubano Pablo Milanés, “El tiempo pasa, nos vamos
poniendo viejos, el amor no lo reflejo como ayer”. Supuestamente, la razón y
el temor parecen limitar esta pasión. Sin embargo, esta apreciación tan
extendida socialmente ¿es cierta?
Hoy
sabemos mucho más sobre este tema, porque las personas viven más tiempo, las
parejas no siempre son las mismas a lo largo de la vida, porque cada vez es más
frecuente que los adultos mayores vuelvan a armar parejas, y no cabe ninguna
duda de que esta posibilidad es muy positiva.
Quisiera
contarles algunas novedades sobre este tema surgidas en diversos medios y en
investigaciones que he llevado a cabo.
Hace
poco tiempo, se publicó un artículo[1]
de verdadero interés para nosotros, en el cual se relataban una serie de
criterios, impresiones e investigaciones acerca del amor en el envejecimiento.
En
principio hay una referencia, que considero muy importante acerca de la
necesidad de contar con ejemplos sobre el “buen amor” en esta etapa de la
vida, es decir disponer de imágenes positivas sobre el “amor mayor” tal
como nos la transmitieron las películas “Elsa y Fred” y “Sol de otoño”.
Estos ejemplos nos permiten soñar con esa posibilidad y no pensar que ya nada
es posible. Soñar no es pura ilusión, sino poder llevarlo al punto de hacerlo
posible.
Muchos
investigadores actuales nos dicen que el “amor mayor” podría ser más
satisfactorio que el de la juventud. Estudios llevados a cabo sobre el cerebro
consideran que los mayores están en mejores condiciones para abordar las
vicisitudes y cambios emocionales del amor y por ello disfrutarlo más.
Una
de las experiencias que se relatan acerca de estas investigaciones nos muestran
hallazgos sorprendentes revelados en tomografías cerebrales. Por ejemplo, se
sometieron a personas de distintas edades a
escenas positivas y negativas; las personas más jóvenes reaccionaron más ante
las negativas y las mayores ante las positivas. Esto llevó a que el Dr.
Gabrielli, director de esta investigación realizada en el prestigioso Instituto
Tecnológico de Massachussets, considere que el adulto mayor tendría una mayor
complejidad en el modo de procesar lo negativo, pudiendo comprender mejor el
punto de vista del otro, y por ello poder encontrar puntos de vista positivos.
Esta
capacidad, propia de la “sabiduría”, permitiría, en lo que concierne al
amor, poder rescatar lo mejor del
otro y no sentirnos amenazados o ser demasiado críticos con lo que el otro no
tiene ni puede.
Otro
de los puntos que nos dan perspectiva en nuestra relación afectiva es que las
cosas no duran para siempre, que se intenta por ello cuidar lo bueno y alejar lo
negativo, tal como lo indica una importantísima investigadora Laura Carstensen,
quien por otro lado señala que las penas de amor no se gritan y lloran como en
la juventud. Esto personalmente lo he notado en personas que consiguieron una
pareja de grandes y que cuando enviudaron lo viven de una manera más apacible y
comprendiendo lo que ganaron con ella aun cuando sientan el dolor de la pérdida.
Las
ilusiones de la juventud, de tenerlo todo, de ser el mejor, de que las cosas no
terminen; suelen modificarse con el tiempo y hallar nuevas maneras de
relacionarse con los otros desde un punto de vista más realista y positivo.
En
una investigación que llevé a cabo, hallé que los adultos mayores
consideraban que el amor era más auténtico. En general eran personas que habían
tenido una pareja de jóvenes y, entre la mediana y tercera edad, habían
conseguido otra. La autenticidad estaba relacionada con la sensación de querer
al otro, no tanto por idealizaciones, sino por cuestiones más realistas. “El
otro es como es y yo soy como soy”, me dijo una mujer, ”yo ya no tengo la
ilusión de cambiarlo”. Sin embargo la necesidad de amor, de compañía, de
afecto es fuerte y eso lleva a que las relaciones se construyan desde ese
compromiso cierto y apoyo mutuo.
En
fin otro prejuicio más que se va demoliendo y que nos permite saber que el amor
puede ser MAYOR, de grandes.
[1]
Zernike Kate “El verdadero tesoro de amar y envejecer” en The
New York Times en español publicado por Clarín sábado 24 de noviembre
de 2007.