Enero de 2006
¿La sabiduría llega con la edad?
A propósito del cambio de año, un tema para meditar.
Solemos
pensar que en la antigüedad el anciano era considerado un sabio, lo cual es
relativamente cierto. En algunos pueblos, como el judío, ser anciano y sabio
eran considerados sinónimos, mientras que en otros se pensaba que era posible
llegar a la sabiduría a través del ejercicio filosófico, y en algunos pueblos
no se creía que la sabiduría dependa de la edad.
¿Qué
hay de cierto en todo esto? Para llegar a esta respuesta, deberíamos
preguntarnos que entendemos por sabiduría. Una de las definiciones que yo más
rescato es la del filósofo
español José Ferrater Mora:
“...La
sabiduría es propiamente el saber universal, la actitud de suprema comprensión,
de moderación y prudencia en todas las cosas; a la nota suprema de
universalidad se unen a ella los caracteres de experiencia y madurez. Con la
concepción antigua de la sabiduría se vincula el ideal del sabio, que no es el
simple hombre de ciencia, sino el hombre de experiencia. El sabio es aquel que
reúne en sí todas las condiciones necesarias para la perfecta madurez del
juicio y por eso es llamado el hombre prudente por excelencia, el hábil en
todas las cosas, el juicioso...”
Después
de esta definición sería difícil ubicarse en este lugar tan exigente donde se
sabe y comprende todo, más cerca de un atributo divino que mortal. Sin
embargo esta forma es obviamente un ideal que no se adecua al ser humano, por lo
que deberíamos pensar cuales son los niveles de sabiduría que si son posibles
para cada uno de nosotros.
Resulta
importante notar los aspectos centrales que señala este filósofo, la
experiencia y la madurez posibilitan la prudencia, la habilidad y el buen juicio.
Sin
duda alguna, podríamos señalar que el paso de los años está siendo aludido
en esta definición. Por eso sigamos con algunas búsquedas de la sabiduría
pero de la mano de psicólogos dedicados a los adultos mayores que vienen
investigando esta temática, aunque ahora desde la ciencia.
En
el Instituto Max Blanck de Berlín, lo han definido como un conjunto de conocimientos y formas de proceder acerca de la vida
cotidiana que implican conocimientos y juicios sobre la esencia de la condición
humana y las vías y los medios para planificar, organizar y comprender la vida.
Podríamos decir la mejor forma de vida para cada uno. Por lo que, aquel que
la haya conseguido, podrá darnos un buen consejo, no porque entienda cual es
“la buena vida” para todos sino porque nos mostrará la forma en que él
entiende la suya propia y como actuaría desde aquella comprensión. También se
considera que para arribar a la sabiduría
resulta necesario haber atravesado gran parte del desarrollo personal lo que
implica una mirada retrospectiva más amplia, lo cual también supone una
edad avanzada.
Entonces
¿cómo pensar en la vida diaria quien es aquel que pueda ser definido como un
sabio, sin que sea un “sabelotodo”?
Existen
ciertos criterios que podríamos tener en cuenta no solo para distinguir quien
es o no es un sabio, sino también para aprender de los sabios y quizás llegar
a serlo...
Si
entendemos que la sabiduría implica comprender la esencia humana y esto nos
permitirá planificarla y organizarla, habría que pensar que la esencia del
hombre reside en su falta, en su no perfección, lo que supone poder entenderla
sin que nos deje tristes o abatidos.
Mucha
gente, particularmente mayor, cuando siente que algo se le vuelve dificultoso
por la edad, se enoja y le cuesta encontrar alternativas posibles, simplemente
porque no puede soportar que algo falle, o que si algo falla todo va a andar
mal, o por no ser el que era. La sabiduría supondría entender lo que implica
el paso del tiempo, aceptando lo que no tiene arreglo, y encontrando el recurso
adecuado para que nuestro deseo de vivir siga estando atento e interesado en lo
que si es posible y modificable. Para ello debemos dejar de lado los sueños
narcisistas de grandeza u omnipotencia que siempre nos ofrecieron un paraiso
imposible, alimentándonos la ilusión pero no nuestra vida cotidiana.
Ser
sabios en este caso, también nos permitiría mantener el control de nosotros
mismos, justamente por haber entendido lo que no podemos, que es una forma
particular de lucidez para darnos cuenta de cuanto SI PODEMOS. También resulta
importante saber ayudarnos con aquellos que nos pueden dar una mano, sin que
esto implique perder la capacidad de organizar y planificar nuestra vida.
Mejor
volvamos a los ejemplos.
Una
señora de 76 años vivía sola en el centro de
En
algún momento la hija comenzó a tomar tantas decisiones por ella y quedó tan
alejada de lo que habían sido sus intereses que esta mujer empezó con una
profunda tristeza. Al venir a consultarme pudimos hablar acerca de cómo ella
cedió en sus decisiones personales más de lo que debería, ya que por no poder
manejarse como lo hacía antes de la caida no pudo encontrar alternativas
intermedias y personales que den cuenta de sus reales posibilidades. Podríamos
decir que la tristeza fue más sabia en este caso que su decisión.
Esta
situación nos permite entender cómo el temor muchas veces limita la
posibilidad de “comprensión” de
nuestra existencia, tal como señalaba el filósofo. Comprensión para entender
cuales son las auténticas necesidades y usar nuestra experiencia, entendida
como el conocimiento de quienes somos, que queremos y como han resultado
nuestras decisiones, para saber como seguimos planificando y organizando nuestra
vida hasta el último momento en que sea posible. Ser adulto mayor no puede ser
un corte con todo lo anterior. Por eso también podemos decir que esta señora
no fue prudente al elegir ya que se dejó ganar por sus temores, perdiendo el
buen juicio que la hubiese dejado ayudarse en la medida en que a ella, y solo a
ella, le hubiese sido necesario.
La
sabiduría también requiere de otros aditamentos como saber relativizar, usar
el humor, la empatía, la proyección personal en otros... pero mejor les sigo
contando en el próximo encuentro.