Abril de 2007
¿Abuelos
esclavos?
Un
médico español ha escrito un libro sobre el “Síndrome
de la Abuela Esclava” donde se describe uno de los modos en que puede ser
vivida la abuelidad. Este tema es muy polémico y por eso quisiera hacer algunas
reflexiones previas sobre lo que significa ser abuelos hoy en día.
La
abuelidad despierta sentimientos, algunos de ellos contradictorios, acerca de
los cuales, en nuestra sociedad aun no se ha dado toda la apertura para debatir.
Desde la enorme alegría de ese pequeño ser, engendrado por quien fue el que
estuvo en la panza o en los brazos, jugando y chapurreando sus primeras
palabras, que se convierte en padre o madre; hasta los celos que puede provocar
esta misma situación por sentir que se produjo un cambio en la propia relación
con los hijos, ya que estos, como padres, se han vuelto definitivamente adultos,
y deberán dedicar su amor fundamentalmente a sus niños.
Así
también lo que para muchos constituye una de las mayores alegrías y disfrutes,
el recibir a los nietos y ver el desarrollo de sus vidas, sin tener que hacerse
plenamente responsables y pudiendo mimar y jugar sin tener que poner límites.
Para otros se convierte en la obligación de dedicarse a los nietos, ya que sus
hijos trabajan o estudian, sin poder elegir los tiempos de encuentro. Esto lleva
a que la relación con los nietos se parezca más a la de ser padres pero sin
poder poner los mismos límites y teniendo muchas veces que soportar retos de
sus propios hijos porque no se comportan como ellos esperan; o porque les puede
pasar algo a los nietos mientras se encuentran bajo su cuidado lo cual podría
ser usado en su contra.
El
Dr. Guijarro Morales describe el Síndrome
de la Abuela Esclava como una
enfermedad más habitual de lo que se piensa, la cual puede ser grave e incluso
potencialmente mortal. Afecta fundamentalmente a mujeres adultas con
responsabilidades de ama de casa, que durante muchos años se sintieron
satisfechas con esta tarea y que en cierto momento, a causa de la interacción
de diversos factores deviene en patológica.
Con
el paso de los años, el aumento de los nietos y con ello de las obligaciones,
estas señoras que habían disfrutado de esta tarea y eran capaces de hacer
ellas solas todo el trabajo, comienzan a sentirse desbordadas y ello precipita
la enfermedad.
Sienten
menor capacidad para llevar a cabo su trabajo aunque no resulte fácil, ni a la
abuela ni a la familia, reconocerlo. De esta manera su fortaleza física y psíquica
se va deteriorando y llega un momento en que se produce un desequilibrio entre
lo que tiene que hacer y lo que puede. Trata de continuar, desconociendo los
cambios que han sucedido, sin llegar a conseguirlo, con un costo muy alto para
su salud.
El
otro factor, que plantea el autor, está determinado por la predisposición a
enfermar en cada uno de nosotros. Algunos lo harán vía una depresión y otros
a través de una enfermedad física. Por no poder expresarse y desconocer sus
propios límites, pierden ese mecanismo de alerta previo a la enfermedad. Por
ello cuando se produce el desequilibrio, en vez de generar un cambio sienten
vergüenza y culpa.
Este síndrome, según el autor toma relevancia ya que podría causar:
- Hipertensión arterial de difícil control, con oscilaciones muy bruscas,
aparentemente caprichosas, como suelen ser cuando las de base emotiva.
– Sofocos, taquicardias, palpitaciones en el cuello o el tórax,
dolores punzantes en el pecho, que cambian de un lado a otro, dificultad para
respirar, mareos, hormigueos, desvanecimientos, etc.
– Debilidad o decaimiento persistentes, un cansancio extremo
desproporcionado respecto a sus actividades habituales.
– Caídas fortuitas
ya que sienten que las piernas no pueden sostener al cuerpo y la persona cae al
suelo sin perder el conocimiento.
– Malestar general
indefinido.
– Tristeza, desánimo, falta de motivación por las cosas.
– Descontrol de padecimientos metabólicos, como la diabetes.
– Sentimiento de culpa por su incapacidad actual.
Esta preocupante descripción que realiza su autor, que aun no
podemos decir que sea parte de una aseveración científica, si resulta
importante tenerla en cuenta, ya que encontramos mucha gente que vive
situaciones poco deseadas y que más o menos se corresponden con las
descripciones que recién presentamos.
Uno de los relatos que escuchamos más habitualmente es el de
aquellos abuelos que les cuesta poner condiciones a sus hijos para tan querida
pero (reconozcámoslo!) “ardua y difícil tarea”. Muchos abuelos quedan
extenuados después de las visitas de nietos y más aun cuando esta se convierte
en la tarea primaria y sin tener la completa decisión sobre los mismos.
Creo que de estas cosas hay que poder hablar, sin sentirse
culpables, por que no siempre “se quiere ni se puede” cuidar a los nietos.
Cada uno sabrá cuánto dar, sin que esto implique ser malos abuelos, pero
sabiendo que con los límites que cada uno considere necesarios puede ser una
opción más que interesante. Opción que trataremos en el próximo artículo.
Para más información sobre el Síndrome de la
Abuela Esclava ver:
A. Guijarro Morales (2001): El Síndrome de la Abuela
Esclava. Pandemia del Siglo XXI. Grupo Editorial Universitaria: Granada.