Abril de 2006

¿Viejo yo?

Hablar sobre las creencias negativas y prejuiciosas hacia la vejez se ha convertido en algo bastante habitual, pero ¿tomamos real conciencia de lo que significan? Y ¿sabemos cuáles son las consecuencias que producen en las personas mayores?

Los prejuicios y los estereotipos acerca de la vejez reflejan falsas creencias e imágenes de los adultos mayores que, lamentáblemente, llevan a la vergüenza de sí, a ocultar los años, a querer mostrarse diferentes y, muchas veces, a no querer juntarse con personas de la misma edad. Sin tomar en cuenta que el problema no está en ser mayor, sino en esta sociedad que es prejuciosa y tiende a estereotipar a diversos grupos sociales, tanto como sucedió con las mujeres, los negros o los judíos.


¿Cuáles son algunos prejuicios y estereotipos

más habituales hacia la vejez?

La gente suele creer que los adultos mayores son enfermos. Sin embargo la mayoría se encuentran sanos, más allá de algunos achaquecitos que se van presentado desde la mediana edad y que no significan ni estar ni sentirse enfermos.

La gente suele creer que no hay más alegría. Muchos estudios han revelado que el humor y el ánimo suelen ser muy continuos a lo largo de la vida. Incluso algunos estudios muestran que en condiciones normales los mayores tienen un mejor control sobre su ánimo y que la idea del viejo depresivo es un mito.

La gente suele creer que no hay más sexualidad. Más allá que existen ciertos cambios, el deseo erótico no se pierde y resulta sano, tanto a nivel físico como mental, poder hacerlo a cualquier edad y poder animarse a redescubrirlo.

La gente suele creer que los viejos son como chicos: No existe ninguna evidencia científica que lo demuestre. Solo que, cuando una persona mayor empieza a depender en exceso de sus hijos, se pone caprichoso porque delegó antes de tiempo el control sobre su propia vida.

¿Cuáles son los efectos de los prejuicios y estereotipos

en las personas mayores?

Diversos estudios han demostrado que éstos eran vividos como una "amenaza" a la integridad personal, y producían menor rendimiento a nivel de la memoria, en la capacidad para las matemáticas, en el sentimiento de autoeficacia y en toda una serie de retiros y descompromisos anticipados de roles laborales y sexuales.
La explicación de estos déficits se encuentra en que las personas, al suponer que su rendimiento no va a ser bueno, buscan evitar la dificultad y no prueban hasta que punto son capaces, dando lugar a la profecía autocumplida.

Avanzando aún más en las consecuencias de dichos estereotipos, la investigadora norteamericana Becca Levy demostró que las personas de edad expuestas ante estereotipos negativos sobre la vejez aumentaban la respuesta cardiovascular, produciéndose por ejemplo taquicardia.

Sobre la misma búsqueda, una nueva investigación, seguramente la más ambiciosa,  examinó la relación entre las autopercepciones negativas del envejecimiento y la longevidad. Este estudio se le tomó a 660 personas durante 23 años. Allí se demostró que en aquellas personas que tenían mejores percepciones sobre la vejez había un incremento de 7,5 años promedio de vida más que en las que tenían una visión negativa.

Esta investigación nos muestra que la consideración positiva sobre la propia vejez  podría dar más años de vida que el dejar de fumar o hacer ejercicios. Aun más, parece tener más incidencia en la longevidad que los niveles de colesterol o de presión en la sangre.

Todo esto nos lleva a pensar que nuestra sociedad, y en especial las propias personas de edad, aún no han reconocido la importancia que tiene el modificar los prejuicios y estereotipos que afectan la calidad de vida y recortan la cantidad de años de los adultos mayores. Por eso, una de las maneras de cambiar para vivir más y mejor, es reconocer los años pero no las creencias prejuiciosas que se cargan sobre ellos.

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