Noviembre de 2007
¿La
creatividad tiene edad?
Ser creativo es un desafío permanente a lo largo de nuestras vidas ya
que se asocia a la capacidad para inventar algo nuevo; encontrar soluciones
originales que nos permitan afrontar situaciones complejas, hallar nuevos
sentidos para nuestra vida, a la sociedad y también dejar un legado. Lo cual
requiere cuestionar y cuestionarse, investigar y experimentar. El problema era
que se consideraba que la creatividad era una cualidad propia de la juventud.
Diversos estudios apuntan a que el ápice de la creatividad se da hasta
los 30 años, y a partir de allí la energía creativa comienza a disminuir.
Como ejemplos de esta forma de creatividad se destacan Carlos Gauss o Albert
Einstein, cuyos principales descubrimientos fueron entre los 20 y 25 años,
aunque continuaron creando a lo largo de su vida.
¿Qué características tienen estas creaciones? Son novedosas, producen
rupturas de carácter revolucionario y no suelen remitir a criterios previos.
Sin embargo hoy aparecen críticas que apuntan a investigar las
capacidades creativas de una manera más amplia, permitiéndonos conocer, más y
mejor, si existe la creatividad en otras etapas vitales, qué características
tendrían y qué resortes personales la facilitan.
El Profesor David Galenson apuntó contra estas lecturas reduccionistas
de la creatividad buscando distinguir ese modo juvenil, al que considera el
primer ciclo de la creación, de otro, el
segundo ciclo creativo, en el cual se innova de una manera gradual, a partir
de pequeños avances o utilizando conocimientos de situaciones, aparentemente
distintas, pero que pueden ser aplicadas en otros contextos. Modo que considera
propio de las mentes más entrenadas y experimentadas. Los ejemplos abundan
también en este grupo. Pasteur desarrolló la vacuna contra la rabia a los 61
años o Clint Eastwood ganó a los 62 años el Oscar como mejor director de
cine.
Uno de sus estudios lo basó en la comparación entre cuatro pintores, que fueron amigos, tenían edades próximas, vivieron mas de 65 anos y participaron del mismo ambiente artístico de Paris del siglo XIX. Ellos eran Cézanne, Monet, Renoir y Pisarro, creadores del movimiento impresionista, y que supieron revolucionar el arte de su época.
Sin embargo los caminos que tomaron no fueron semejantes. Cézanne y
Monet, a medida que envejecieron, continuaron investigando y produciendo obras
originales e importantes. Mientras que Renoir y Pisarro permanecieron apegados a
lo que ya conocían, razón por la cual solo son recordados por sus primeros
cuadros.
La pregunta entonces es: ¿Por qué los primeros siguieron desarrollando su creatividad mientras que los otros no?
Cézanne
y Monet abordaban siempre nuevos rumbos, no se sentían totalmente satisfechos
con sus logros y consideraban que podían aprender con sus propios errores.
Sabían que la innovación podría surgir de pequeños avances cotidianos. No se
quedaron durmiendo en los laureles, por el contrario, siguieron desafiando sus
posibilidades. Es decir, permanecieron fieles a si mismos cuando podían poner
en riesgo su prestigio y autoridad.
El
resultado de esta postura fue la siguiente: los últimos cuadros de Cézanne
abrieron camino para el cubismo de Picasso y Braque, y las pinturas que Monet
realizó en su vejez son consideradas precursoras del expresionismo abstracto
que revolucionó el arte en la década del 50.
Ser
creativo no es una cualidad específica de los que incursionan en la ciencia o
el arte, sino que todos compartimos una obra maestra: nuestra vida, la cual
puede estar matizada de actos creativos o dejarla condenada a la repetición o
librada al destino. La vejez, más que ninguna otra etapa quizás, requiere de
nuestro ingenio y originalidad para hacer que nuestra vida nos permita seguir
explorando con audacia nuestros deseos y con la posibilidad única de contar con
un recorrido que nos da más conocimiento sobre nosotros. Esa sabiduría
que pueden dar los años nos indica hacia donde pero nunca nos resta ese
desafío creativo de seguir explorando como Monet o Cézanne.
Basado
en el libro: Old Masters and Young
Geniuses: The Two Life Cycles of Artistic Creativity de David Galenson