Diciembre de 2007
La
epidemia silenciosa
¿El
alcoholismo es una problemática de los mayores?
EL
abuso de alcohol en adultos mayores es más habitual de lo que solemos
considerar y una de sus principales características son los importantísimos
problemas de salud que provoca. Lamentablemente esta sociedad suele manejarse
por prejuicios, focalizando este problema entre los jóvenes y no observando a
los mayores. Como consecuencia, los servicios de salud no detectan o
subdiagnostican esta adicción, o más aun, cuando intentan hacerlo lo hacen con
los criterios propuestos para los más jóvenes.
Fácilmente
podemos creer que un joven puede consumir alcohol y como sociedad nos
preocupamos, tratamos de encontrar soluciones y enfrentar la temática. Sin
embargo nos cuesta ver a las personas mayores que consumen, y cuando lo hacemos,
solemos tener más rechazo, particularmente si son mujeres. Quizás por el
prejuicio de pensar al adulto mayor como un abuelito, desconociendo otros
aspectos de su vida. Es importante que como sociedad podamos reconocer el
problema, saber las consecuencias que produce y, fundamentalmente, estar al
tanto de las soluciones de las que disponemos.
Aun
cuando es cierto que la proporción de alcohólicos disminuye a medida que
avanza la edad, ya sea porque lamentablemente no muchos llegan, o porque
algunos, frente a las tremendas consecuencias físicas, van abandonando, existen
más alcohólicos de los que solemos suponer entre los mayores.
Se
considera que existen dos tipos de bebedores entre los adultos mayores: aquellos
que han consumido siempre, lo cuales suelen ser varones; y el otro grupo de
personas que comienza a beber después de los 65 años, que suelen ser mujeres
viudas.
El
abuso de alcohol en personas mayores genera una amplia gama de problemas
físicos, psicológicos, sociales y cognitivos, mayor que en otras edades.
Las
consecuencias físicas son particularmente dañinas y se produce una especial
sensibilidad cuando se lo mezcla con la ingesta de medicamentos.
Los
grandes bebedores tienen mayor tendencia a estar enfermos y a sentirse más
enfermos, razón que los lleva a actitudes hipocondríacas, es decir a pensarse
en peor estado de salud del que realmente tienen, y por ello consultar más a
los médicos.
Los
síntomas depresivos pueden ser comunes, siente menos satisfacción con la vida,
tienen menos amistades y relaciones con otras personas. El consumo genera
hábitos de ocultamiento, los cuales suelen terminar con la vida social y
familiar de una persona.
Los
trastornos cognitivos suelen ser frecuentes, evidenciándose en la memoria o la
capacidad de concentración, así como en los alcohólicos de larga data puede
ser común que en su vejez tengan una demencia producida por el consumo.
En
los últimos años se ha hablado mucho de los beneficios a nivel de la salud que
promueve el alcohol, aunque resulta necesario aclarar que siempre se hace
referencia a una ingesta leve a moderada, la que está asociada con una
reducción en el riesgo de enfermedad cardiaca coronaria, accidentes
cerebrovasculares y demencias. Obviamente estos beneficios no son válidos para
personas con una historia de abuso en el consumo.
Es
importante saber que, como en cualquier edad, modificar los hábitos puede
beneficiar considerablemente la salud y el disfrute de la vida. Existen
tratamientos médicos y psicológicos eficaces, pero es importante que todos
nosotros comencemos a abrir los ojos ante esta epidemia silenciosa que aísla,
enferma y degrada la vida de los adultos mayores.
Basado en:
Conolly
Brian Lawlor O'Connell Henry (2003): “Alcohol use disorders in elderly
people—redefining an age old problem in old age” BMJ. 2003 September 20; 327(7416): 664–667.
Schaie Warner y Willis, Sh.(2003) Psicología de la Edad Adulta y la Vejez Pearson Prentice Hall 5ta
edición Madrid