9 de Julio de 2007
Opinión
TRIBUNA
Abuelos:
el mejor lazo es el placer, no la obligación
Es
probable que falte una discusión más franca acerca de lo que significa ser
abuelos, aunque en este último tiempo han ido apareciendo múltiples
investigaciones que nos proponen visiones más agudas sobre los efectos
positivos y negativos de dicha función.
El domingo 1ø de julio, Clarín rescató una importante investigación
realizada en EE.UU. por Mary Hugues y otros, denominada "Todo en la
familia: el impacto del cuidado de los nietos en la salud de los abuelos",
publicada en el Journal of Gerontology, Social Sciences (2007). La misma
se realiza en el contexto de una sociedad donde se evidencia un creciente número
de abuelos que deben hacerse cargo de sus nietos, incluso teniendo que convivir
con ellos. La situación se debe, en gran medida, a que la generación
intermedia no puede hacerlo por diferentes motivos: adicciones, enfermedades,
divorcios, crisis económicas o compromisos de trabajo. Se retoma así la
función de los abuelos como los "perros guardianes de la familia".
El resultado de esta investigación es muy positivo, ya que no se hallan
evidencias de efectos dramáticos sobre la salud, tanto física como mental,
en los abuelos por tener que cuidar a los nietos, a diferencia de estudios
anteriores. En algunos casos encuentran una mejoría de la salud y de la
autoestima por cumplir esta tarea. Aunque sí rescatan que en las familias donde
la generación intermedia falta, o se ausenta por períodos prolongados, sí se
producen efectos negativos en la salud, especialmente síntomas depresivos y
de una percepción subjetiva de malestar físico.
Por esto quisiera comentar algunas investigaciones que muestran otros puntos de
vista y algunos efectos negativos que pueden generar ciertos roles de los
abuelos. Una serie de estudios muestran las consecuencias sobre el bienestar
que producen ciertas demandas de cuidados, particularmente cuando las
condiciones objetivas o subjetivas no son las más propicias.
El cuidado de los nietos, más allá de los aspectos placenteros, tiene un alto
costo. Existe una extensa serie de estudios que demuestran lo estresante
que puede ser esta tarea (Grinstead, 2003). El día a día, especialmente
cuando los nietos son muy pequeños, puede resultar extenuante y provocar malestar
en el sueño y mayor exposición a enfermedades (Jendrek,1993).
Otro de los factores que deberíamos tener en cuenta es que cuando la labor de
cuidado de los nietos no es un valor para la persona puede ser percibida como
un esfuerzo que no corresponde y que está fuera de tiempo, La frase que lo
representa es: "No estoy en edad de criar chicos", que transmite
malestar y resentimiento (Minkler, 1997).
Dedicarse plenamente al cuidado de los nietos puede implicar un cambio en los
roles y estilos de vida que se tenían o se desean tener, lo cual es
observable cuando los mayores deben debatir entre si cuidan a sus nietos o hacen
sus propias actividades. El cuidado también puede afectar la economía
produciendo situaciones de angustia y conflicto.
Por todo esto debemos tener en cuenta que la cuestión depende del tipo de
cuidados que se demande a los abuelos. Una cuestión es cuidar, mimar y
jugar con el nieto, en tiempos y formas acordadas; y otra es hacerse cargo del
cuidado del niño por carencias que parecieran no tener otra forma de suplencia.
El tema no es la abuelidad sino las formas por la que se transita esta función.
La primera manera constituye una de las mayores alegrías y disfrutes de esta
etapa vital. La segunda se convierte en la obligación de dedicarse a los
nietos, ya que sus hijos no pueden hacerlo, sin poder elegir los tiempos de
encuentro. Situación que predispone a la depresión, riesgo coronario y
deterioro físico (Lee, 2003).
El médico español Guijarro Morales describe el "Síndrome de la Abuela
Esclava" a la que concibe como una enfermedad que puede ser grave y
que afecta fundamentalmente a mujeres adultas con responsabilidades de ama de
casa, que durante muchos años se sintieron satisfechas con el desempeño de su
rol de abuelas y que en cierto momento, a causa de la interacción de diversos
factores, ese mismo rol deviene en patológico.
Señala que, con el paso de los años, el aumento del número de nietos y de las
obligaciones, estas señoras que habían disfrutado de la tarea y eran capaces
de hacer ellas solas todo el trabajo comienzan a sentirse desbordadas, y
ello precipita la enfermedad.
Sienten menor capacidad para llevar a cabo su trabajo aunque no resulte fácil
reconocerlo, ni para la abuela ni para la familia. De esta manera su fortaleza física
y psíquica se va deteriorando y llega un momento en que se produce un desequilibrio
entre lo que tiene que hacer y lo que puede. Trata de continuar,
desconociendo los cambios que han sucedido, sin llegar a conseguirlo, con un
costo muy alto para su salud y con cierto sentimiento de vergüenza y culpa por
no poder llevar a cabo sus tareas.
Este síndrome, según el autor, toma relevancia ya que podría causar distintos
tipos de síntomas que van desde hipertensión arterial, sofocos y taquicardias
hasta depresión y desánimo.
Resulta importante tener en cuenta esta preocupante descripción que realiza el
autor, ya que frecuentemente encontramos gente que vive situaciones poco felices
y que se asemejan a las descripciones señaladas.
La cuestión parece residir en que la abuelidad sea una función elegida,
pudiendo ir más allá de ciertos valores sociales que ubican la culpa y la vergüenza
como respuesta ante lo que algunas veces no se quiere o no se puede hacer. Cada
uno sabrá cuánto dar, sin que esto implique ser buenos o malos abuelos,
pero sabiendo que con los límites que cada uno considere necesarios puede ser
una opción más que interesante.