TRIBUNA
La ciencia está
destruyendo prejuicios sobre los mayores
El mercado considera
"viejas e inadaptables" a personas que tendrían el mejor rendimiento
si no padecieran precisamente discriminación.
La
revista The Economist de febrero pone en su tapa un título curioso:
"Cómo manejar una fuerza de trabajo envejecida". Destaca así un tema
preocupante en los países centrales: la jubilación de los baby boomers
(la generación nacida después de
¿Cuál es el motivo de tal preocupación? Se calcula que en los próximos 25
años quedará un vacío importante en la fuerza laboral calificada, al
punto que en Japón se retirarán casi 10 millones de personas y
Esta pérdida de recursos humanos es considerada como una carencia de
habilidades difícilmente reemplazable y ha llevado a Suiza y Suecia, por
ejemplo, a ofrecer a las personas posponer su jubilación o a que trabajen
medio tiempo.
Esta pérdida de recursos clave a nivel laboral parece contradecir una serie de
criterios acerca de la incapacidad laboral de las personas de mayor edad, tema
que deberíamos encarar con más seriedad en nuestro país.
Recientemente se publicaron en Clarín una serie de cartas de lectores
donde se hacía alusión a la dificultad que tenían para hallar trabajo las
personas que el mercado laboral consideraba "viejas". Por esta razón
quisiera presentar una serie de datos, surgidos de investigaciones
internacionales, que permiten contrastar los prejuicios con los conocimientos
científicos.
Nada parece indicar claramente qué significa haber envejecido en cada rol
laboral. Indudablemente, no significa lo mismo ser futbolista o bailarín de
ballet que investigador o docente universitario a la hora de pensar la noción
de edad y sus implicancias en el desarrollo de cada tarea. Sin embargo, para
el común de los trabajadores la edad pareciera tener menos relevancia que lo
que habitualmente se supone.
Los ejemplos de discriminación por edad en los marcos de trabajo se presentan
tanto en los chistes o burlas hacia la presunta incapacidad de los mayores, como
en las actitudes cotidianas que revelan que se piensa más a la persona en
vistas a su jubilación que a su desarrollo laboral, lo que genera, en la práctica,
que no se los reentrene ni se les enseñen nuevas tareas.
Los estereotipos negativos acerca de las personas mayores influyen en el retiro
temprano de sus trabajos a pesar de estar en buen estado físico y mental y,
para quienes continúan trabajando, ejercen una influencia negativa en las
expectativas de desempeño laboral.
Aun cuando existe evidencia de ciertos declives en el funcionamiento físico y
cognitivo, no se ha podido demostrar que esto incida en el desempeño laboral.
Evidencia que, sin embargo, no ha conseguido demoler este prejuicio tanto en los
empleadores como en los mismos trabajadores.
Los cambios cognitivos a nivel de la memoria o del lenguaje suelen ser
sobredimensionados. Hay muy poca diferencia en las funciones intelectuales a
lo largo de la adultez, excepto en temas de velocidad y tiempo de reacción. Sin
embargo, ninguno de estos cambios parece tener una influencia tan gravitatoria
como las producidas por los significados prejuiciosos que se le otorga al
comportamiento de las personas de mayor edad dentro de los ámbitos laborales.
Una investigación realizada por Erber y Rothberg halló que cuando una persona
mayor tenía un problema de memoria, éste era concebido como una falta de
capacidad, mientras que cuando se producía en una persona más joven, era
tomado como una falta de esfuerzo.
Con respecto a los cambios físicos, se suele considerar que las personas de
edad enferman más y por ello tienen mayores niveles de ausentismo.
Llamativamente, las investigaciones más serias realizadas desde los años 70
hasta la fecha dicen que no hay evidencia que así sea y que los promedios
son semejantes a los de otras edades. También se menciona que las personas
mayores suelen ser más puntuales, más estables y conscientes de sus
obligaciones.
Otra investigación señala que mientras que los mayores tardan más tiempo en
recuperarse de un accidente, las personas más jóvenes se lastiman más
seguido.
Otro de los prejuicios existentes es el relativo a los cambios con la edad. Se
supone así a los de mayor edad inadaptables, incapaces de aprender o cerrados.
Se ha demostrado en diversas investigaciones que la inadaptabilidad es fruto
de las bajas expectativas que tienen los empleadores con respecto a los
trabajadores más viejos, razón por la cual no les brindan programas de
entrenamiento.
Los trabajadores de más de 55 años tienen menos posibilidades de recibir
capacitación para mejorar sus destrezas que los de otras edades. Esta falta
de oportunidades los priva de oportunidades de éxito y de sentir que
dominan su campo, lo cual provoca una desvinculación progresiva de sus trabajos
que legitima, desde un lado y el otro, los estereotipos culturales con
respecto a las personas de edad.
Es válido rescatar que, desde hace más de una década, una serie de empresas
multinacionales de primer nivel comenzó a experimentar el reentrenamiento a
personas mayores con gran éxito.
Resulta más que necesario reflexionar sobre la situación de los trabajadores
de más edad, ya que nos plantea una preocupante realidad actual y un desafío a
futuro.