26 de Febrero de 2007
Tribuna
Las falsas
promesas de los tratamientos "antiedad"
A lo largo del tiempo, y en diversos pueblos, se intentaron
hallar medicinas y tratamientos para retrasar o evitar el envejecimiento.
Cuentan que en el antiguo Egipto ya habían creído hallar una fórmula para
impedir dicho proceso.
El problema es que pocos temas como el "antienvejecimiento" (también
llamado anti-aging) ha dado más lugar a la falta de argumentos críticos,
rentas a los inescrupulosos, y a la explotación del tema por parte de la prensa
sensacionalista, los médicos curanderos, y otros.
La prolongación de la vida, del vigor o de la belleza resultan demandas
sumamente deseadas para el ser humano, lo que lleva a que las propuestas,
surgidas muchas veces de criterios científicos, salgan a la luz antes de ser
realmente investigadas; o que se promuevan métodos, más o menos alejados
de la realidad, que en el mejor de los casos pueden resultar inocuos y en
los peores, peligrosos o hasta letales.
En el siglo XIX se produjeron curiosos tratamientos y medicamentos que
aseguraban el rejuvenecimiento, tales como la vasectomía, donde se inhibía la
salida del esperma, ya que suponían que allí se concentraba la energía vital.
O por esta misma suposición se ofrecían medicamentos, uno de ellos denominado
Spermine, que concentraban esperma de animales.
Esto nos permite mirar con atención un nuevo fenómeno que hoy se
presenta con mucha fuerza, con juicios que en la actualidad nos parecen más
atinados, por ser contemporáneos, y que nos lleva a preguntarnos sobre la validez
de buena parte de sus presupuestos.
El envejecimiento es un proceso biológico que presentan todos los organismos
multicelulares, incluso en un ambiente óptimo. Esta última aclaración resulta
válida ya que es importante diferenciar lo que implica la longevidad máxima
(aquella que regula la mayor expectativa de vida en un individuo de una especie,
determinada por los genes), de aquella longevidad media donde los
factores ambientales y de estilo de vida influyen decisivamente.
Hay casi 300 teorías que buscan explicar este proceso. Sin embargo, dentro del
propio campo científico, según la bióloga Mónica De La Fuente, los abordajes
han sido altamente subjetivos ya que cada investigador se ha centrado en su
campo de conocimiento, ya sea la genética, la neurología, el sistema
neuroendocrino, etc., obviando una visión integradora que suponga un enfoque
multifactorial del envejecer.
¿A qué nos referimos con el anti-aging, su medicina y tratamientos?
Las intervenciones anti-aging son medidas que intentan lentificar,
detener, y revertir el fenómeno del envejecimiento y extender la vida
humana. La premisa subyacente es que la ve jez es un enfermedad que debe
ser curada y por ello buscan tratar los parámetros fisiológicos que se
"suponen" miden la edad biológica llevándolos a los de una persona
joven.
Por lo cual sería posible que el envejecimiento fuera revertido y por ello la
cantidad de vida, extendida y su calidad, mejorada. Sin embargo no hay
evidencia, por el momento, que soporte tales reivindicaciones. Aunque también
es cierto que en los últimos años, desde la investigación científica, se ha
comenzado a pensar que resolver "el enigma del envejecimiento" es sólo
una cuestión de tiempo, más allá de notables voces disidentes como la del muy
reconocido gerontólogo Leonard Hayflick.
La medicina anti-aging es conducida por médicos que suelen incluir
tests que intentan medir la edad biológica, sugieren uso de hormonas, dietas,
ejercicios o suplementos nutricionales. Aunque es importante tener en cuenta que
en los últimos años se ha comenzado a enfrentar a estos grupos. Por ejemplo,
el Instituto Nacional de Envejecimiento de Estados Unidos (NIA) desacreditó el exagerado
entusiasmo por las pastillas antioxidantes, así como por el
dehidroepiandrosterona (DHEA) y la hormona de crecimiento (Age Page - NIA 2002),
habiendo serias advertencias sobre el mal uso de estas últimas.
Por el momento lo que sí podemos es incrementar nuestra longevidad media, no la
máxima, a través de tres pilares: la nutrición, la actividad física y
mental y el control del estrés emocional. Aunque se le puede agregar
obviamente otras como el abandono de los hábitos nocivos, el alcohol y el
tabaco.
Algunas alternativas como las que propugnan la manipulación genética o la
utilización de las células madre no resultan aún alcanzables y podrían tener
efectos secundarios indeseables.
Resulta necesario destacar los cambios sustanciales en los modos de
envejecimiento de los que estamos siendo testigos en este último siglo,
debido a razones sociosanitarias (vacunas, higiene ambiental), estrictamente médicas
y también a nuevos estilos de vida más activos y hábitos saludables.
Son motivos que posibilitan una mejor calidad de vida y un aumento notorio en la
cantidad de años. Esta es la razón que nos lleva a ser más cautelosos a la
hora de pasar de las conjeturas teóricas a las propuestas de acción, sin por
ello dejarnos en la inmovilidad. De la misma manera podemos ser juiciosos no sólo
con las promesas sino también con nuestros argumentos.
¿A qué me refiero con esto? Decir anti edad o envejecimiento puede resultar
una estrategia de marketing, digamos fácil, ya que explotamos los prejuicios
existentes relativos a la edad. Pero decir anti edad es fundamentalmente negar
lo que aún es innegable. Es concebir un período de la vida como una
enfermedad, lo que produce que se vea como abominable la realidad vital de
millones de personas, promoviendo con ello la frustración y la vergüenza de sí.
Cuestión por la que los gerontólogos venimos combatiendo.
Por esta razón el destacado gerontólogo Robert Butler prefiere hablar de medicina
de la longevidad, aludiendo a todas las investigaciones e intervenciones que
tengan como objetivo no sólo la posibilidad de vivir más años sino
fundamentalmente mejor.
Somos responsables de fomentar una nueva cultura del envejecimiento en la
que podamos seguir buscando fuentes ciertas para la mejor calidad de vida
aceptando lo que hoy es posible.