11 de Agosto de 2010
Contra la resignación, los estereotipos y las restricciones, los mayores que confían en su propia eficacia establecen metas que los desafían, realizan esfuerzos para lograrlas y aceptan sin angustia los cambios propios de la edad.
Por Ricardo Iacub PROFESOR DE PSICOLOGIA DE LA TERCERA EDAD Y VEJEZ, UBA
Uno de los efectos más dramáticos de los prejuicios frente al envejecimiento es la creencia en que ya no habrá más desarrollo personal y que se aproxima una serie inevitable de pérdidas. Tal situación conspira de un modo muy particular contra el adulto mayor, ya que frente a los cambios que se promueven con la edad, la persona desestima las estrategias necesarias para afrontar dichas situaciones.
El psicólogo norteamericano Bandura (1977) consideraba la importancia de la
creencia en las propias capacidades para alcanzar con éxito un determinado
logro, y la incidencia negativa que puede ocasionar su descreimiento.
La pérdida de la memoria, por ejemplo, es uno de los temas que más temor
provocan en los adultos mayores y donde existen más dudas sobre la propia
eficacia. Con la edad ciertos mecanismos de la memoria se enlentecen; esto puede
generar una pérdida de confianza a la hora de alcanzar la información que se
quiere evocar y todo ello produce mayor incertidumbre. Este factor se incrementa
notoriamente cuando la persona supone que carece de recursos para afrontar este
cambio.
Diversas investigaciones nos muestran de qué manera se ponen en juego estas
limitaciones en los diversos momentos que implican el trabajo de rememorar. Se
ha constatado que algunas personas mayores dejan de trazarse objetivos en los
que se encuentre comprometido el uso de la memoria, pudiendo abandonar
actividades o trabajos que puedan requerirla. Al momento de memorizar, puede
surgir la amenaza de fallar, y con ello el incremento de la ansiedad y el temor,
lo cual inhibe en gran medida la ejecución de la tarea. El grado de
persistencia, es decir la necesidad de reiterar “tanto como sea necesario” en
pos de llegar a consolidar y evocar el recuerdo, pueden disminuirse, así como
también el uso de estrategias para organizar de tal manera la información que
permita codificarla adecuadamente y con ello incrementar su efectividad.
Tal como señalan las investigadoras argentinas Feldberg y Steffani (2009), creer
que la memoria es inmodificable y que guiarla o controlarla es en vano produce
menos oportunidades de mejorarla. Las experiencias científicas muestran que los
estereotipos negativos hacia la vejez en las personas mayores no sólo se
visualizan con relación a la memoria sino también en la autoestima, la capacidad
para las matemáticas, el sentimiento de poder ser eficaces y en toda una serie
de retiros y descompromisos anticipados de roles laborales y sexuales.
La explicación de estos déficits se encuentra en que los mayores, al suponer que
su rendimiento no va a ser bueno, elaboran estrategias de evitación de un
posible enfrentamiento que podría ser vivido como traumático; o también porque
responden a profecías sociales que suponen que los mayores ya no pueden, no
deben, etc.
Sin embargo, así como las creencias y los estereotipos culturales negativos
pueden disminuir los recursos intelectuales en los adultos mayores, los
positivos pueden resultar beneficiosos.
Las psicólogas norteamericanas Levy y Langer (1994) presentaron los hallazgos de
una investigación que mostraba la menor diferencia, a nivel de la memoria, entre
jóvenes y adultos mayores en China con respecto a Estados Unidos. La explicación
radica en que las visiones positivas que hay en China en relación a la vejez y
la función social que cumplen las personas mayores ayudan a amortiguar los
inevitables cambios biológicos que se producen a nivel de la memoria. Cada día
contamos con más evidencia científica acerca de cómo las creencias sociales
positivas influyen en la motivación, así como sobre los resultados en áreas tan
importantes como la memoria, la salud física y el trabajo.
Las personas mayores que confían en sí mismos, y en su propia eficacia,
establecen metas que los desafían, al tiempo que contemplan los cambios propios
de la edad y realizan los esfuerzos necesarios para lograr sus objetivos, ya que
sienten que tienen el control sobre los acontecimientos, pudiendo persistir ante
los fracasos y las contrariedades y cambiar aquello que les produce malestar o
insatisfacción.