Javier Dario Restrepo - CEPSIGER - Bogotá, Colombia

Fundación Santillana, Bogotá - 15 de Agosto de 2006

 

Ricardo asume en este libro el difícil e indispensable papel de un rumbero. Es José Eustasio Rivera en La Vorágine, quien utiliza esta palabra para designar a esos profesionales en rumbos de la selva, que descubren caminos en donde los inexpertos viajeros sólo ven la maraña tupida e impenetrable.

Hay que admitir que en nuestros días de confusión, el sobredesarrollo de la genitalidad y la precariedad de lo cerebral, crean un marco adverso para la reflexión serena y el conocimiento profundo sobre el tema que lacub investiga en su libro Erótica y Vejez.

Varias veces le leí la palabra rastreo, al referirse a su trabajo y esa es la primera gratificante sorpresa que uno tiene al internarse en sus páginas: el autor rastrea ideas y actitudes con la misma sagacidad de un rumbero en la selva amazónica.

El cine y la literatura han explorado la dimensión erótica de la vejez, pero han seguido en esa floresta las avenidas anchas y obvias que tanto gustan a los turistas; lacub, en cambio, rastrea el pensamiento humano sobre el sexo y la vejez para entender los antecedentes y el contexto del problema de los viejos de hoy.

En la sabiduría del pueblo judío encuentra la idea guía de la sexualidad que no reconoce edad: "goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida fugaz que Dios te da bajo el sol." Y nos deja oír una de esas contagiosas e inextinguibles risas de la historia. Generación tras generación la risa de Sara, madre a los 90 anos, ha notificado a la humanidad que todo nacimiento es milagro y don, que la sexualidad es conservación de la vida mediante la reproducción y esplendor de la vida como compañía y que el sexo, a la vez vida y compañía, es creación de un Dios benevolente.

Las expresiones bíblicas y la sabiduría talmúdica observan, además, que en el goce erótico se manifiesta, y en que forma, la unidad de cuerpo y alma, que la medicina ha tardado siglos en descubrir.

La referencia a la risa alegre de Sara ya nos ha introducido en otro sendero: el pensamiento judío sobre la vejez, que esta determinado por un hecho que se convierte en metáfora: ese pueblo judío, tan numeroso como las estrellas - la expresión es bíblica- desciende de una pareja de viejos; como si ese hecho singular tuviera la intencionalidad de subrayar- contra toda lógica moderna y postmoderna- el papel del viejo en la sociedad y en la historia: el es portador del espíritu de los pueblos y de su tradición; el alude a lo que une a su pueblo, la vejez se mira, en ese contexto, como la recompensa ganada que se figura en el reposo del guerrero y la serenidad gozosa del final de una jornada, pero al mismo tiempo, como un multiplicador de la vida.

Nuestro guía se interna ahora por las islas griegas y por las campiñas romanas: las aguas frescas y transparentes, los viñedos y las mieses a punto de cosechar, los olivos y el paisaje lleno de luz y de color, contrastan con la sequedad y dureza de desierto del escenario judío. Sin embargo, la alegría vital de ese pueblo nómada desaparece en el resplandeciente escenario grecorromano. Allí se mira al ser humano dividido entre cuerpo y espíritu y, por tanto, la sexualidad aparece como un constante reclamo del cuerpo contra el espíritu. Platón así lo proclamo a través de uno de sus personajes: "cuanto mas se amortiguan los placeres del cuerpo, mas crecen los deseos de la
conversación,". Lo que a su vez confirmaba Séneca, el cordobés: "el alma esta en todo su vigor cuando no tiene demasiados tratos con el cuerpo." Es el mismo pensamiento que proclamaba Cicerón en Roma: "el apetito carnal impide la reflexión, es adversario de la razón, ofusca, por así decirlo, los ojos del entendimiento y no tiene trato ninguno con la virtud," afirmaba al dialogar con Catón sobre la vejez.

Y al contrario de lo que sucedía con el pueblo judío, entre los atenienses el viejo apenas si tenía autoridad. La Oración Fúnebre de Pericles - un documento que como ningún otro descubre la forma de pensar de los atenienses, les concede a los viejos el merito de "habernos dejado el imperio que recibieron," "Vuestra ganancia, les dice, es haber vivido dichosos la mayor parte de vuestra vida," y agrega "no ayuda más en la época inútil de la vida, como el recibir honores." La vejez es, a juicio de los atenienses una época inútil para todo. "Breve es la edad de los placeres, afirman, después la vejez los impedirá." El sexo, regulado por criterios estéticos, en la vejez aparecía antiestético. ¿Fue esa la razón de aquel decreto del emperador Tiberio que ordenaba castigo para los mayores de 60 anos que se dejaran llevar por la pasión?

La risa bíblica de Sara nada tiene que ver con la burla acida de Eurípides al decir: que "el viejo no es mas que una voz y una sombra." Había una visión oscura y amarga en Sófocles al hablar de Edipo como un anciano canoso, que no es mas que un fantasma surgido de la nada, un muerto llegado de otro mundo, un sueno alado."

lacub en estos dos primeros trechos del recorrido muestra la tesis y la antitesis, dos visiones que a lo largo de la historia marcaran el pensamiento y la actitud sobre los viejos. Siempre que en el mundo se defina un pensamiento sobre la vejez y su erotismo, será necesario volver a uno de esos dos términos extremes: el de los judíos, o el de los griegos y romanos.

Tiene más raíces griegas o romanas que bíblicas la antigua visión eclesiástica de la vejez y la muerte como resultado del pecado original, o de la sexualidad como un camino a la tumba, o de la decrepitud del viejo como consecuencia del pecado.

También coinciden con griegos y romanos los conceptos médicos sobre la vejez como una enfermedad y sobre la sexualidad del viejo como algo anormal dada su incapacidad fáctica para el sexo. Entre estos extremes, señalados por lacub, hay unos puntos medios que nos liberan de los estereotipos y de las afirmaciones absolutas.

Nacía la era cristiana cuando en el senado romano resonaba la voz de Cicerón a quien se debe aquella comparación del viejo con el hombre del timón en una embarcación: "mientras que unos trepan por los mástiles y otros van y vienen entre el puente y la sentina, el esta sentado en popa, la mano en el gobernalle."

El gran orador tenia una imagen concreta del viejo, la de Quinto Máximo quien " a pesar de la edad hacia la guerra como un joven y con su paciencia hacia tascar el freno a la juvenil fogosidad de Aníbal." Desde esos anos 40 de nuestra era, hasta estos anos iniciales del siglo XXI, han pasado mucha historia y demasiadas veleidades del pensamiento. Sin embargo la visión del viejo persiste. Citando a Hegel, Norberto Bobbio escribe que la vejez natural es debilidad, la vejez del espíritu es su perfecta madurez, en la cual retorna a la unidad como espíritu." El viejo es lento, admite, pero anota: "todas las solemnidades requieren ritmos lentos. 

El viejo esta destinado a rezagarse mientras los demás avanzan." El argentino Ernesto Sabato habla de la vejez desde su experiencia y desde la ajena. Ha ido a visitar el hogar de otro viejo, en Lanzarote, José Saramago y con admiración que no  disimula, ha sido testigo de la vida de pareja del escritor con Pilar; ha indagado por que en aquella casa los relojes marcan a todas horas las cuatro de la tarde, como si allí se hubiera detenido el tiempo, y ha descubierto la respuesta, que tiene musicalidad de poema: porque fue la hora en que ellos dos se conocieron; curioseo entre los manuscritos del Nobel de literatura y leyó emocionado: "Yo escribo, Pilar escribe, traduce, habla a la radio, cuida al mundo, cuida la casa, cuida la calle, hace las compras, hace la comida, ve por la ropa, despacha las cartas, dialoga con el mundo, organiza el tiempo, acoge a los amigos que vienen a vernos y escribe, traduce, habla en la radio, cuida al marido, la casa, la cocina, la ropa y dice, estoy cansada; y luego, no tiene importancia, yo escribo, traduzco..."

Querría citar otras expresiones del viejo Sabato, pero es necesario que retome la andadura de nuestro guía de quien me aparte, para señalar la existencia de esta posición intermedia entre los que ven al viejo como un discapacitado y quienes, desde el otro extremo, han convertido la sexualidad de los viejos en un estandarte, según la afortunada expresión de lacub.

En nombre de la desmitificación de la vejez y de la sexualidad, estos entusiastas proclaman con Steckel que la sexualidad debe practicarse para que no se atrofie; para otro, la actividad sexual es tan importante como la salud, y en un recorrido delirante mira las enfermedades usuales en la vejez: la diabetes, parkinson, la artritis, las demencias, las hipertensiones o el riesgo de infarto, como condicionantes del ejercicio sexual porque de lo que se trata según estos portaestandartes es de una vida sexual activa, no la que demandaría una compañía permanente en el matrimonio ni la transitoria de las citas, sino el sexo como fin y como actividad  permanente y vitalizadora.

Entre las muchas notas que fueron quedando en mi libreta de lecturas creo encontrar dos temas claves para entender estas posiciones extremas frente a la sexualidad del viejo.

El primero de estos temas es la idea cambiante sobre el cuerpo, que los griegos expresaron en aquel mito de Afrodita cuando cruza uno de los estrechos de Lesbos en la barca de Faon y, agradecida, al mismo tiempo que compadecida ante aquel cuerpo viejo y feo del barquero, lo premia dándole un cuerpo joven. Entonces los cuerpos de los dioses eran jóvenes y la vida se expresaba en un cuerpo juvenil. Cualquiera diría que muy poco ha cambiado la humanidad en sus ideas sobre el cuerpo cuando millones de televidentes congregados alrededor del mundial de fútbol rinden culto y tribute a los nuevos dioses de cuerpos ágiles y sanos que, sin embargo, deben retirarse de la escena a  los 35 anos, cuando comienzan a ser mirados como viejos. El mismo mensaje se lee en los incontables reinados universales, regionales, nacionales, municipales o de club, de una humanidad obsesionada por el cuerpo bello, de medidas armónicas, de color y forma atractivos. El cuerpo inspira toda clase de homenajes y cuidados, para el cuerpo bello están montadas multimillonarias industrias, el cuerpo activa la publicidad la información y el entretenimiento. ¿Puede alguien atentar o descreer ese dogma universal sin atraer sobre si el estigma y el castigo reservados a los herejes?

Cuando se mencionó la posibilidad de que Sofía Loren apareciera desnuda en la portada de una revista, se creo una dolorosa expectativa; pero ella misma aclaro que posaría recatadamente vestida, entonces respiramos con alivio porque aun ese cuerpo al envejecer se degrada y deja de ser el cuerpo bello que mandan los cánones, desde Afrodita. Hoy el cuerpo es una bella maquina de placer que es necesario mantener en funcionamiento. El cuerpo del viejo es "patológico" la expresión la recoge oportunamente lacub, y designa el deterioro, la incapacidad y la proximidad de la muerte.

Esta es la otra clave de la confusión de nuestro mundo ante el viejo y su sexualidad. ¿C6mo hablar al mismo tiempo de sexo, de erotismo y de la muerte?

Porque este es un tema recurrente para el viejo. Anotaba Sabato: "ni bien me descuido, ya estoy pensando en la muerte. Ya estará cerca. Miro el cuarto alrededor para ver por cual de las puertas entrara." Exclamaba Cicerón que la muerte es despreciable si extingue el alma y deseable si conduce al lugar donde ha de ser eterna." Y recordando a Pitágoras "no cree que ha de llorarse la muerte a la que sigue la inmortalidad."

Vuelvo a Bobbio y le oigo decir que "quien ha llegado a mi edad debería alentar un solo deseo; descansar en paz." Y explica: "respeta la vida quien respeta la muerte. Toma en serio la muerte quien toma en serio la vida. Tomar en serio la vida significa aceptar su finitud."Y concluye con Canetti: "¿cuantas personas descubrirían que vale la pena vivir si no tuvieran que morir?".

Es un pensamiento frecuente porque "tienes conciencia de que no solo has recorrido un camino, sino que ya no tienes tiempo para vivirlo." Además, y retomo a Sábado: "mientras uno es joven cree que controla la vida, de viejo uno sabe que no es así."

Un atardecer sin esperanza es un agobio. Bobbio cita los testimonies recogidos por Sandra Petrignani: "en ninguna parte hay vida hermosa para nadie," dice una viuda de 85 anos. "Un buen día ya no te importa nada. Nada de nada," concluye un arquitecto de 81 anos que acaba de enviudar; "Nadie puede imaginar como es este esperando nada,"dice una mujer que a los 85 acababa de sepultar a su esposo; " a nadie le importo, nadie sabe que existo," agrega una mujer de 83 que solo tenia una amiga que acababa de suicidar.

Y me valgo de ese testimonio para aludir a una clave que echo de menos en Iacub: ¿es posible entender al viejo, su erotismo y su sexualidad, sin tener en cuenta su soledad?

La vejez se siente como soledad cuando a tu alrededor aparecen las ausencias; te sientes solo cuando te preocupa estorbar, cuando sientes o te hacen sentir que eres de otra época, de otro lenguaje, de otra sensibilidad, de otro ritmo del tiempo, es decir que eres un extraño. Este es el hecho que le da todo su sentido, o revela el sinsentido de las teorías sobre el sexo y el erotismo de los viejos.

Se me ha ido el tiempo enhebrando historias y pensamientos, estimulado por la lectura del libro de lacub y es el momento de ponerle punto final, aludiendo al revelador texto con que Ricardo introduce su primer capitulo, tornado del Amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Marquez. Es aquella exquisita escena en que los dos ancianos, Fermina Daza y Florentino Ariza, se descubren como amantes pero con la luz apagada porque, dice ella, " no me mires porque no te va a gustar," El, entonces, empezó a tirar sobre ella las ropas que se iba quitando, y ella se las devolvía muerta de risa. No es el amor ni el sexo a pesar de todo. Es el erotismo por sobre todo.

Esa formula la complementa el mismo García Márquez en la Memoria de mis putas tristes en donde retoma la idea de Kawabata en La Casa de las bellas dormidas. Escribe el japonés que el viejo Eguchi acudía a la casa " cuando la desesperación de la vejez Ie resultaba insoportable, y en el relato de una reveladora hondura sicológica enfrenta al viejo al espectáculo y la compañía de seis mujeres distintas, siempre desnudas, siempre narcotizadas. Cada encuentro enmarcado en olores distintos, con un fondo de sonidos diversos que aparecen como otras tantas metáforas de la actitud de la vejez ante el sexo y el erotismo.

A su vez, cuenta Gabriel como volvió a la vida Mustio Collado a la edad en que la mayoría de los mortales están muertos. Aquella noche, el ano de sus 90 anos, quiso regalarse una noche de amor loco con una adolescente virgen. La vio dormida, desnuda y desamparada como la parió su madre y anota: "me senté a contemplarla desde el borde de la cama con un hechizo de los cinco sentidos. Aquella noche descubrí el placer inverosímil de contemplar el cuerpo de una mujer dormida sin los apremios del deseo o los estorbos del pudor."

Son escenas que parecen convertir en imágenes las reflexiones que provoca el libro de Ricardo. Esa risa feliz de los dos ancianos que hacen el amor en la oscuridad es el eco de la risa bíblica de Sara, madre a los 90; y el goce tranquilo y silencioso de Mustio Collado ante el cuerpo de Delgadina, su certeza de que al encontrarla "era por fin la vida real con mi corazón a salvo y condenado a morir de buen amor”. Es lo que debería suceder cuando el viejo y su erotismo logran la victoria sobre la soledad de los últimos años.

 

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