Mag. Claudia J. Arias - Univ. Nacional de Mar del Plata
II
El
tema que propone Ricardo Iacub no es sencillo. La sexualidad ha sido un tema de
difícil tratamiento durante muchos años. Nuestra cultura se asienta en una
tradición sexofóbica. Si la
sexualidad en general ha quedado cubierta de un manto de silencio, en la vejez
ha sido aún más relegada. El rechazo de la sexualidad en los adultos mayores
es un estereotipo cultural muy difundido y ampliamente aceptado. Por estas
razones, la propuesta de Ricardo es sumamente interesante ya que pretende
indagar, conocer y fundamentalmente hablar de una temática cuyos rasgos
distintivos han sido el ocultamiento y el silencio.
A
lo largo de los ocho capítulos que integran el libro, realiza un recorrido por
distintas épocas y culturas acerca
de los modos de concebir y construir el erotismo en la
vejez hasta llegar a la actualidad, enfocando fundamentalmente aquellos
que han tenido mayor incidencia en la cultura occidental y que continúan
vigentes, organizando la lectura, percepción y conceptualización del erotismo
en la vejez.
Este
recorrido histórico que realiza Ricardo Iacub
se remonta hasta los orígenes del pueblo judío y la cultura grecolatina
y culmina en el análisis de lecturas paradójicas actuales acerca del erotismo
en la vejez y de temáticas de la sociedad posmoderna como el estilo uni age,
los sujetos transetarios, el pluralismo sexual, el erotismo en las residencias
de mayores, en las parejas gays y lesbianas y la biomedicalización de la vejez.
A
través de este estudio retrospectivo permite pensar de otra manera, la
determinación, entre comillas, que ejerce la edad sobre el erotismo. Este desafío
de trasladarnos a diversos escenarios lo logra no solo a partir de descripciones
detalladas, sino que trabaja sobre variadas creaciones culturales como
documentos, libros sagrados, leyes, producciones artísticas, que permiten
acceder a las creencias,
mandatos y sanciones en relación al ejercicio de la sexualidad en la vejez.
Identificando
los supuestos en los que se basan múltiples estereotipos relacionados con el
erotismo en la vejez va develando sus significados en el relativismo cultural y
a la luz de mecanismos de poder a partir de las que se generan y
sostienen. Como el autor expresa, el
texto propone problematizar, cuestionar, reflexionar críticamente para
transformar los modos de sujeción de la vejez.
Desde
una perspectiva que se orienta a resaltar las posibilidades en lugar de las
limitaciones, Iacub centra el análisis en el erotismo en lugar de hacerlo en la
sexualidad, ya que abre un área más amplia que incluye el deseo, el amor e
implica una infinita variedad de formas posibles de lograr placer. Esta
consideración de la sexualidad en un sentido amplio desmistifica por completo
la posibilidad de una vejez que impida la sexualidad.
En
el primer capítulo que denomina “No es bueno que el hombre esté solo”
centra el análisis en el pueblo judío, y nos muestra que la vejez larga y
feliz era considerada la recompensa por haber observado los valores culturales.
En oposición a las prácticas edaistas vigentes en la sociedad occidental
actual, los ancianos eran los portadores del espíritu divino y tenían la misión
sagrada de guiar al pueblo, valorizándose su experiencia y sabiduría. Si bien
aclara que la tradición judía no es uniforme, concluye que la sexualidad no se
veía coartada en la vejez. La justificación de la sexualidad no se reducía a
la función de procrear sino que se valorizaba más aún la compañía. Esta
aseveración la demuestra analizando la ley judía, en la que se sostenía que
las personas débiles, viejas o estériles debían casarse aunque no existiera
para ellas la posibilidad de tener hijos. Por otra parte, la noción de un
origen asociado a una pareja de viejos supone una expectativa socialmente
aceptada de goce erótico en esta etapa de la vida.
En
el tercer capítulo muestra que en los primeros cristianos existe la presunción
de que el envejecimiento es el resultado del pecado original, puesto que la
declinación y la muerte aparecieron conjuntamente con él.
Si bien existe una alta valoración de esta etapa de la vida, se imponían
una serie de demandas de virtud y mayores exigencias que a otras edades entre
las que se encuentran el abandono del erotismo. Se entiende que “los hielos de
la vejez”, como denomina a este capítulo,
deben apagar el fuego de las pasiones para consagrarse a la purificación
del alma. El revelarse a este
mandato era fuertemente sancionado con la desaprobación, el asco, la marginación
y una promesa de castigo divino. Estas
condiciones propiciaban la vergüenza y el desprecio ante los propios deseos que
limitaban fuertemente la libertad individual. Este capítulo nos permite pensar
acerca de los difundidos estereotipos que consideran a los adultos mayores como
asexuados, sin interéses, ni prácticas sexuales, y fundamentalmente ayudan a
entender el desconocimiento de las propias necesidades y el efecto vergonzante
que estas sensaciones pueden producir en los adultos mayores.
Los
aportes del trabajo expuesto en este libro son muy significativos. El ocuparse
de un tema de bordes como es el erotismo en la vejez y convertirlo en central,
adquiere gran relevancia en el área de
El
trabajo constituye un aporte sustantivo invalorable no solo para los
profesionales de distintas disciplinas que estén interesados en el
envejecimiento y la vejez, sino para la sociedad en general y muy especialmente
para los propios adultos mayores. Nos deja el desafío de hacer un uso
productivo de esta información y pensar cómo contribuir a crear condiciones
para una mejor expresión de las necesidades afectivas y sexuales en la vejez.
Como trabajar en las instituciones para propiciar condiciones de respeto a la de
intimidad, a la libertad sexual, derecho a la privacidad, entre otras
cuestiones.
Los
adultos mayores tienen las mismas necesidades interpersonales que los jóvenes y
los adultos, aunque la forma de satisfacerlas puedan ser diferentes. Estas
necesidades incluyen el sentirse queridos, reconocidos, valorados, el disponer
de una red de relaciones que le brinden apoyo y la necesidad sexual entendida
como la necesidad de ser acariciado y acariciar, besar y ser besado, abrazar y
ser abrazado, explorar y ser explorado, excitarse y excitar, disfrutar del
placer sexual y fundamentalmentede la intimidad
corporal y afectiva. [1]La
vejez es una etapa de la vida en la que la variabilidad individual es enorme y
en la que cada capacidad puede presentar muy diferentes posibilidades.
La forma en que se vivencie el erotismo en la vejez
tiene mucha más relación con como cada uno ha experimentado su
sexualidad a lo largo de toda su vida que con limitaciones impuestas
exclusivamente por la edad.
Priorizando
la heterogeneidad del proceso de envejecimiento, el autor reivindica los
derechos individuales, el respeto por la subjetividad,
la libre elección del goce erótico, la propia decisión de cómo
continuar vivenciando la sexualidad en la vejez. Intentemos favorecer en los
adultos mayores su propio modelo de sexualidad, no imponer conductas, ni modelos
a seguir, respetando sus valores y su historia personal. En definitiva que los
adultos mayores sean protagonistas de sus propias vidas y elijan libremente su
mejor manera de vivir la vejez.
Para finalizar me gustaría destacar que la forma en que se plantea la temática es sumamente interesante. El rastreo bibliográfico es exhaustivo, ofrece un amplio y panorama histórico, desarrolla los aportes y reformulaciones teóricos desde diversas disciplinas, resultados de trabajos de investigación, nuevas concepciones, problemáticas muy actuales. Permanentemente abre interrogantes y plantea situaciones dilemáticas que como tales no tienen una resolución única. Presenta la multiplicidad de perspectivas, estimulando la reflexión y dando lugar para el pensamiento y la interpretación del lector. El abordaje es profundo, completo, riguroso, claro, sumamente interesante y por sobre todo iluminador. La metáfora de la iluminación utilizada en la investigación cualitativa me parece totalmente adecuada para definir con una palabra el trabajo que realiza, ya que permanentemente va dando luz y haciendo perceptible lo que estaba oculto en la oscuridad.
Bibliografía:
[1]
López Sánchez, F. (2005). Experiencia amorosa en la vejez. Revista Española de Geriatría y Gerontología, 40 (3):
135-7