Introducción:
El objetivo de este articulo es pensar
esta patología como un síntoma, en el sentido psicoanalítico del término, y
en particular un síntoma en la vejez.
¿Qué es
Esta patología en sus formas puras no
tiene un correlato anatómico, es decir que carece de la base orgánica de las
Demencias y del supuesto decurso de la patología, aunque coincidan en la
sintomatología.
Este concepto fue acuñado por Kiloh en el
año 1961, refiriéndose a una tabla demencial sin proceso neuropatológico
aparente, con ello supone la enorme suma de pérdidas cognitivas, especialmente
a nivel de la memoria y la atención, pero así también perdidas del juicio,
los cuales se evidencian en actos absurdos, lenguaje disgregado, trastornos afásicos
y de las praxias.
A pesar de las evidencias este término ha
sido muy criticado por su imprecisión y su utilización para otras patologías
como el síndrome de Ganser, en manifestaciones histéricas o en cuadros psicóticos.
Como ya se lo había señalado, el uso de
pseudodemencia es denunciado como impreciso ya que no denomina ninguna entidad
semiológica en particular, sino que simplemente alude a la idea de símil de
demencia. Lo que Kiloh (1) entreveía como entidad cercana era el síndrome de
Ganser, sin embargo él señala lo limitado de su encuentro ya que este síndrome
aparecería con una psicosis orgánica de base, incluso advierte sobre las
dificultades de diferenciarlo a la esquizofrenia y al catatonismo negativo.
Otra de las suposiciones relativas a esta
patología es la asociación con la depresión, versión que hoy se encuentra
especialmente extendida, particularmente en pacientes viejos. Roth (1955) sostenía
que “la enfermedad depresiva puede estar enmascarada por una
pseudodemencia”. Sin embargo Wells (2), indica que solo 3 de cada 10 casos con
pseudodemencia, padecen depresión, lo cual nos indica la necesidad de estudiar
otras causas de esta patología, aunque resulta importante rescatar la
frecuencia de esta patología en la vejez (Roth, 1955)
En los casos que reporta Kiloh, señala
los mecanismos histeroides empleados por los pacientes con síndrome de Ganser,
que ha hecho que se lo denominen de diversos modos: pseudodemencia histérica,
puerilismo histérico o síndrome de bufonería.
Muchos de los casos citados en los
reportes de la enfermedad, que ya se han convertido en clásicos, son de hombres
que entran en la vejez y que fueron
despidos, recibieron la jubilación, carecían de nuevos estímulos y a los que
se los califica de obsesivos por los mecanismos de defensa que presentan. Así
como se encuentran mujeres con rasgos histéricos, cercanas a la vejez que
debieron enfrentar situaciones particularmente dolorosas como pérdidas,
situaciones de dificultad familiar o social y que parecen aliviarse a través
del olvido y una supuesta dementización, de un dolor moral, muy ligado al acto
del recordar.
Actualmente desde el DSM IV hubo una
limitación del término a una forma de Depresión Mayor y se lo trata
como un tipo de engaño a la que se le dio el nombre de Simulación o
Trastorno Facticio. Estas figuras han cerrado un campo de comprensión y de
exploración diagnóstica que si provee el término Pseudodemencia por ser una
configuración de síntomas que simulan una entidad, sobre la base de una
identificación a “la idea de” una demencia, con todas las alusiones
narrativas que este fenómeno puede tener.
Demencia o Pseudodemencia:
Las diferencias entre una y otra se
presentan según Levy-Attar (3) de esta manera:
“Sobre
el plano clínico el hecho de las similitudes sintomáticas hace muy difícil su
diferenciación. El enlentecimiento de la depresión puede simular el de la
demencia. A pesar de ello el pseudodemente tiende a exagerar su incapacidad y no
hace ningún esfuerzo, aún en las tareas más simples. Prefiere no responder o
decir yo no sé. Las quejas son frecuentes por su patología y se vuelven
absolutamente pesimistas. Los problemas mnésicos son variables en el tiempo
tocando tanto los antiguos como los recientes, o sea sin respetar la lógica de
las pérdidas en la demencia. El pensamiento es indeciso con problemas de
concentración, y el tiempo que toman en pasar un test es sumamente largo.
En
cuanto al demente, se queja poco de su déficit, y tiene tendencia a compensarlo
con un discurso disgresivo o hiperdetallado, con falsas respuestas. Los
problemas de memoria se dan sobre todo sobre los hechos recientes. El déficit
se estabiliza en tanto se vuelve congruente a su repercusión social,
predominando sobre las dificultades de adquisición. Los déficits son lentos y
el comienzo vago.
Toda
vez que queramos definir una o la otra en ausencia de criterios formales, nos
inclinaremos por la pseudodemencia:
-
cuando el comienzo reciente produce un cambio y una ruptura con el estado
anterior, y tiene una evolución precisa y rápida.
- en
tanto haya antecedentes de problemas de humor en la persona o en la familia.
-
con la presencia de acontecimientos que pueden desencadenar la patología.
-
despertar precoz con dolor moral en la mañana.
-
variable orientación en el tiempo y el espacio”.
Resulta importante diferenciarlo de una
depresión ya que la misma, al ser actualmente tan abarcativa, pierde precisión
para su descripción y fundamentalmente no toma en consideración la otra escena
que funda la particularidad de este síntoma.
El DSM-IV, incluye también la simulación
la cual vela la fundamentación lógica que lleva a la elaboración de un síntoma
neurótico, cualquiera fuese su origen.
La simulación más allá de las nuevas
predicaciones que han ido apareciendo en la psiquiatría, alude clásicamente a
un engaño consciente que el sujeto realiza a otro. Considero que la idea de
voluntarismo nos lleva a desconsiderar que esta especie de parodia se encuentra
sobredeterminada por un deseo inconsciente. Por ello creo importante
rescatar la validez del síntoma en el sentido psicoanalítico del término, en
tanto supone una sobredeterminación simbólica, de la que el padeciente es
inconsciente de ella, o no totalmente consciente.
Es por ello que sostener el síntoma, en
sus dos vertientes, por encima de las otras modalidades, rescata el aspecto
fenoménico de la pseudodemencia y nos ayudaría a pensar en un acto por parte
del sujeto del inconsciente, con todos los ideales de una época con que una
cultura intenta universalizar al sujeto.
Articulación a las neurosis:
En pos del objetivo de este artículo,
considero necesario articularla a una de las formas que toma la neurosis que es
la histeria, no por que sea la única para pensar la pseudodemencia, sino porque
es la que mejor ejemplifica la plasticidad de las neurosis. Resulta necesario
dar un pantallazo de la misma, para ilustrar las modificaciones sintomáticas
que esta patología presenta, que han hecho dividir al Psicoanálisis mismo en
su consideración. Poniendo fundamentalmente el acento, en la posición
subjetiva en relación al Otro y no en la descripción de los síntomas.
La histeria siempre impuso desafíos al
entendimiento semiológico, de hecho uno de los primeros artículos de Freud al
respecto versará sobre la diferencia entre las parálisis motrices orgánicas y
las histéricas, en el cual el intento pareciera ser el mismo, encontrar el
entrecruzamiento de ambas y situar
sus diferencias. Por ello rastrearé desde este texto lo que pueda resultar análogo
a mi intento.
Una de las primeras observaciones de Freud
al respecto es acerca de la posibilidad de representar diversas afecciones orgánicas.
Considera que la lesión de las parálisis histéricas y sus manifestaciones son
independientes de la anatomía del sistema nervioso, “como si la anatomía no
existiese o como si no tuviese ningún conocimiento de ella”(4). La parálisis
toma la representación de la pierna en el sentido vulgar del término, desde
los pies hasta la inserción de la cadera. Lo que lo llevará a postular que la “idea
de” es lo que se va a paralizar, a través de un corte a nivel asociativo
a la concepción del miembro que se trate.
Es importante acentuar que la fuerza del término
histeria está referido a la implicación del cuerpo como representación, sin
embargo incluso antes de Freud se venían pensando otras implicaciones de la
histeria que llevaron a una confusa historia de semiologías, entre ellas
En el rastreo histórico que este autor
realiza, intenta formular aproximaciones a la noción de histeria, yendo más
allá de los efectos sintomáticos en lo corporal, considerando también las
supuestas posesiones demoníacas, la catatonía, los estados catalépticos o
estupor catatónico, ciertas demencias, delirios, alucinaciones, o la confusión
mental. Por último toda una profusa gama de estados oniroides, amnesias, etc.
que durante mucho tiempo se lo reservó al enorme saco de la esquizofrenia y que
desde otro marco teórico nos puede resultar más cerca de la histeria que de
las psicosis.
Toda esta suma de referencias que podríamos
articular a concepciones de época en las que esta patología habla, en alguna
medida, de un orden de creencias y a su vez lo desafía. Es por ello que Isräel
considera difícil subsumir la histeria a una enfermedad y la considera “un
modo de relación” que “se
modifica en función del ambiente y lo lleva a una especie de complicidad, sin
que el mismo lo sepa. De donde surge la imposibilidad de estudiar la histeria en
una sola persona”(6)
El recorrido que hace Maleval de la
historia de la psiquiatría resulta interesante para considerar la plasticidad y
variabilidad de los síntomas en las formas de la histeria. Como afirma Moreau
de Tours en sus observaciones, confirman que “
Lo que fundaba el diagnóstico de histeria
era el reconocimiento del mecanismo original: desdoblamiento del pensamiento e
idea fija subconsciente, dicho reconocimiento se realizaba por el origen de los
trastornos que entonces se convertían
en comprensibles, los accidentes como el delirio sería causado por un fenómeno
psicológico, la amnesia como consecuencia del debilitamiento de la capacidad de
síntesis mental (Maleval,1991).
Pero hay algo que insiste en este
reconocimiento claramente perceptible desde la historia y es justamente que
“la plasticidad del síntoma del histérico lo lleva con la mayor frecuencia a
adoptar la forma dominante de “locura” que se encuentre en su cultura”(8).
Por ello intentaremos precisar cual es el
lugar que recogen los viejos actualmente para posicionarse y anclar su deseo y
también su síntoma en el Otro que provee nuestra cultura.
La representación moderna de la vejez:
El recorrido histórico que intentaré
formular servirá para conceptualizar el modo en que se han ido constituyendo
los significantes específicos con los que se construye un cambio de perspectiva
en la mirada medico social de la vejez.
Desde el siglo XIX se ha producido un
cambio de importancia con relación a la medicina y especialmente en el lugar
que esta ocupa en el conjunto social. Uno de los aspectos que aquí me interesaría
recalcar, son las implicaciones éticas de un discurso que normatiza y moraliza
desde los conceptos de salud y enfermedad. Constituyéndose a su vez como un
dispositivo de poder que regula el cuerpo de los individuos.
En el curso del período del verdadero
envejecimiento de la población europeo un nuevo saber médico emerge:
El
cuerpo del viejo se presentaba como separado es decir marcando un punto
diferencial en la anatomía, requiriendo una especialización profesional y
considerando que el problema central era la degeneración progresiva de las
enfermedades que definen su estado de envejecimiento y su percepción social de
desfalleciente o moribundo. Envejecer fue en sí mismo una fuente de
alteraciones orgánicas inevitables conocidas como vejez (Haber 1986,76)
A nivel mental se produce una lectura
“científica” del deterioro físico incidiendo directamente en la vida psíquica.
La atribución de deterioro mental por notar modificaciones a nivel cerebral,
hasta una suma de teorías sobre el deterioro energético en los viejos que
llevan a que estos se retraigan, se vuelvan egoístas y limitados
intelectualmente, lo cual queda impreso en la visión psicoanalítica, hasta los
años 60 al considerar a esta etapa como regresiva con características
pregenitales, lo cual implicaría un incremento de narcisismo, suma de pulsión
de muerte y otras consideraciones en diversas líneas dentro de la teoría.
Es con las demencias que se han llenado el
campo de los esperables, en los que cada viejo resulta sospechoso de poseer
alguna de ellas. Desde las viejas nominaciones de Viejo senil o arteriosclerótico,
que a pesar de darse en un
porcentaje minoritario de este grupo etario, sin embargo resultan de aplicación
masiva, generando con ello una desestima de la palabra y del juicio del viejo.
La referencia actual es la de
alzheimerizado, objetivándolo en este dato, muchas veces falso, pero que sirve
socialmente para sacar a este sujeto de la vía de sus deseos, ya que estos
dependerán de una institución, o del puro capricho del Otro. Constituyéndose,
de esta forma, una oferta social para la enfermedad en la vía de los
ofrecimientos culturalmente establecidos. Ya que la idea de enfermedad también
poseerá un firme representante en la demencia y en una suma de posiciones de
invalidez psíquica difícilmente calificables semiológicamente y que en términos
vulgares calificaríamos como “viejo ga-ga”.
Las demencias pseudos:
Existe otro elemento, quizás mucho más
amplio que el propio diagnóstico de pseudodemencia, que es el monto subjetivo
que existe en toda demencia.
Aquello que pareció ser desterrado como
posibilidad de sujeto en la demencia, como si la patología no dejase resto
subjetivo, más allá de alguna lectura humanitaria, resulta importante
rescatarlo y en este sentido la pseudo- demencia, valga la intención de
quiebre, nos permite pensar lo que cada sujeto puede o no
hacer con el deterioro cerebral.
En diversas investigaciones se han podido
constatar que cerebros dañados no habían presentado síntomas, así como
cerebros sin daño presentaron síntomas (lo que justificaría la presencia de
la pseudodemencia). Datos que nos permiten comprender la complejidad biológica
del cerebro así como la incidencia de los factores subjetivos en un daño orgánico
cerebral.
Es conocida la agudización de los síntomas
de una demencia cuando sobreviene una depresión y también como las formas neuróticas
o incluso psicóticas pueden incidir en las características psicológicas de
una demencia.
Ferenczi señalaba lo siguiente: “Ni
siquiera en la etapa final de la parálisis general (denominación de la
demencia), la de la completa “imbecilidad”, es simplemente una consecuencia
directa de la destrucción de tejido nervioso; en su esfuerzo por mantener el
contenido del yo y, en cierta medida, su integración, la mente del parético
resiste hasta el fin, y al realizar una regresión infantil, acaso fatal,
persiste en el extrañamiento de todo lo que le es penoso, hasta llegar al límite
de la inconsciencia” (Ferenczi, 1921)
Conclusión:
En este recorrido realizado desde la teoría
nos permite pensar los efectos subjetivos de ciertas concepciones culturales.
Por un lado esta patología nos permite
reconocer como ciertos fenómenos considerados “extraños”, cuando se dan en
viejos, rápidamente se los califica como emergencia de un cerebro dañado,
distinto, etc., sin haber llevado más a fondo la indagación analítica. Quizás
por que muchas veces nos sumamos al prejuicio “viejo igual a enfermo y
particularmente alzheimerizado”, y con una extraordinaria laxitud el psicoanálisis
ha dejado la ética analítica por un prejuicio organicista demasiado fuerte que
aún hoy se encuentra en nuestra
sociedad.
Por el otro, el modo neurótico en que se
construye el síntoma se encuentra fuertemente asociado a los ideales
sociales que permiten encuadrar lo singular de un síntoma. Los efectos de
realidad que encuentran los discursos de una época, pueden condicionar en gran
medida las formas de algunas patologías mentales creándolas o destituyéndolas.
Este distingo fue el que intente hacer en este trabajo para poder explicar cierta parte de la casuística en la que nos confrontamos con gran cantidad de sujetos viejos que toman esta vestimenta para expresar algo que será particular a su deseo. Por esta razón, es por la que hablamos de síntoma en sentido psicoanalítico, el cual a su vez se encuentra connotado por una espera o demanda del Otro de enfermedad y de una infantilización que muchos llaman Ga-Ga, nominación que no hace más que expresar todo un tronco de nuestra cultura que ha ido creando mitos para poder defenderse de lo temido, la enfermedad, la vejez y la muerte, aquello que desde el psicoanálisis podríamos conceptualizar como las marcas de la castración en nuestra cultura.
Bibliografia
(1). Kiloh
L.G.: “Pseudodementia” Pub. Acta
Psychyatr. Scand. 37:
336-351,1961.
(2).
Wells Ch. E.: “Pseudodementia” Pub.
Am. J Psychiatry 136:7 July 1979.
(3).
Levy Attar : « Depression de Sujet Agee », , Pub.
Psychologie
Medicale 1995.
(4). Freud S.: “Estudio Comparativo de
las Parálisis Motrices Orgánicas y las Histéricas”, Obras Completas, Ed. Biblioteca Nueva, Madrid 1981.
(5). Maleval J.C.: Locuras Histéricas y Psicosis Disociativas, Ed. Paidos
1991.
(6) Israel L. : Histeria. Ed. Paidos,
Buenos Aires, 1990.
(7). Maleval J.C.: Locuras Histéricas y Psicosis Disociativas, Ed. Paidos 1991.
(8). Maleval J.C.: Locuras Histéricas y Psicosis Disociativas, Ed. Paidos
1991.
BIBLIOGRAFÍA
GENERAL:
-
Cardebat, Aithamon y Puel : « Les troubles de langage dans les
demences de type Alzheimer’’ Art. Ed. Solel, Paris 1995.
- Derousne
C.:
- Ferenczi,
S.: Problemas y Metodos del Psicoanálisis,
Ed. Paidos, 1968.
- Jakobson R.. El
Marco del lenguaje
Ed. Fondo de Cultura Económica México DF.,1976
-
Peruchon M. : Le declin de la vie pschyque. Ed.
Dunod, Paris 1995.
- Saussure F.: De Curso de Lingüística
General. Ed. Losada Buenos Aires, 1970.