Existe una versión,
bastante popular por cierto, acerca de la vejez. La misma pareciera dividirla en
dos: un pasado, alejado y perdido, en el que las personas mayores gozaban de
privilegios y honores y un presente plagado de imágenes negativas, marcado por
el abandono y la falta de respeto.
Esta versión se
refuerza aun más cuando pensamos en la constitución de la familia, en la que
surge una “natural” asociación entre el pasado y las familias
multigeneracionales y el presente y la familia nuclear. Este “presente”
impreciso se fusiona dentro de otra figura del discurso cotidiano como es la
“modernización” fuertemente teñida de un discurso ideológico que califica
negativamente ese pasado por romper con las tradiciones y los valores previos.
La historia, sin
embargo, suele mostrarnos las discontinuidades que los “grandes relatos”
ocultan. Muchos historiadores han identificado en el pasado sociedades
occidentales en las que, a las personas mayores, no les era provisto apoyo de
sus parientes y sufrían privaciones económicas (Kertzer, 1995) así como
antropólogos y otros investigadores han demostrado que no todas las sociedades
de pequeña escala acordaba un alto estatus a los viejos. Mientras que muchas
sociedades no occidentales en la actualidad, la urbanización no rebajó la
fuerte unión sobre las relaciones de parentesco extendidas. Por el contrario,
dichas uniones continúan proveyendo a los mayores de seguridad y el
mantenimiento de su estatus (Kertzer, 1995)
Podemos
pensar que existe un mito que asegura un sentido originario de la familia y más
aun del orden social. Sin embargo sabemos que parte de ese“orden” heredado
son ficciones relativamente verdaderas y con acta de nacimiento.
En el siglo XVIII
Diderot crea una visión de la “vejez natural” donde las generaciones tenían
lazos recíprocos entre si, cuidándose los unos a los otros, en base al modelo
de la familia tahitiana. Este modelo resultaba útil en un momento de cambios
sociales tan importantes y en el cual la religión debía ceder paso a una nueva
moral social (Bourdellais, 1993).
De igual manera el
modelo de familia que construye la sociedad burguesa del siglo XIX, reanima la
convivencia multigeneracional con el objetivo de crear una figura de lo
“tradicional” (Lowe, 1982) a fin
de establecer valores propios a su conveniencia política.
Estas versiones de la
familia y del rol del viejo dentro de la misma debieron contribuir a la
construcción actual del mito de la familia compleja o multigeneracional como
norma y de la estima en el pasado hacia los viejos.
Esta
introducción nos permitirá adentrarnos en nuestra temática, las nuevas
parejas de mayores, la cual refleja un tipo de familia y que consigue una fuerte
resonancia en lo social. La que se expresa por un lado en cantidad de filmes en
los que personajes de mediana o tercera edad se enamoran, gozan de la sexualidad
y forman nuevas parejas. Y por el otro en el encuentro efectivo de personas de
edad insertas dentro de una variable cultural denominada “vejez positiva o
activa”. La misma se caracteriza por una nueva demanda social en la que las
personas mayores son llamadas a estar insertos socialmente y fundamentalmente
activos. La edad deja de ser una variable relevante a la hora de determinar
actitudes y roles, generando con ello una homogeneización creciente de las
actividades en las diversas etapas vitales. La gerontología ha sido la
encargada en gran medida de elaborar, tanto en la teoría como en la práctica,
propuestas para el rediseño social de los mayores.
Modalidad que refleja una
característica saliente de la modernidad tardía o Posmodernidad.
Nuevas familias
Desde hace algún
tiempo se ha empezado a modificar el ángulo desde donde se observa a los
viejos. No como el residuo de los otros, ya sea en tanto que la sociedad o la
familia no les da, sino por el contrario como este grupo se reposiciona frente a
una sociedad cambiante, donde los ideales sociales parecieran retomarse desde
nuevas variables como la autonomía, por fuera de ciertos perfiles
comunitaristas en los que la edad o el género puedan ser decisores más fuertes
que el propio sujeto.
Solemos pensar desde
una perspectiva en la que los cambios a nivel de la familia arrojaban a estos
por fuera del campo de los cuidados y de las ayudas, sin pensar en otras formas
de agrupación en la que el rol de la persona de edad no sea el de un objeto
pasible de cuidados o en el que los cuidados no sean brindados por los agentes
“esperables” como eran los familiares.
Una de estas
perspectivas tuvo que ver con las nuevas agrupaciones de personas mayores en las
que los amigos desarrollaban gran parte de los roles tradicionales atribuidos a
la familia. Las investigaciones realizadas en Estados Unidos y Canadá (De
Vries, 2000) fundamentalmente mostraban, en un gran porcentaje, que los amigos
eran incluidos en su definición de familia, aunque no tuvieran obligaciones
legales o relaciones formales. Las personas mayores conformaban asociaciones
solidarias de cuidado y apoyo entre amigos, de un modo muy similar al que se
produce entre la población más joven y en los grupos de gays y lesbianas (De
Vries, 2000)
Las nuevas
representaciones sociales dan lugar a distintos recursos argumentativos para el
desarrollo acciones y roles que años atrás hubieran sido fuertemente
condenadas para las personas de edad.
Las nuevas parejas en
la vejez, sin que sean absolutamente generalizables, parecieran abrir un campo
que describe y valoriza una serie de variables culturales actuales entre las que
podríamos contar los cambios a nivel de la familia, los nuevos significados
acerca de la noción de edad, el valor social de la autonomía y la nueva moral
erótica.
Para
trabajar estos temas recurriré a entrevistas en profundidad, tomadas
individualmente y en pareja, con este objetivo a personas entre sesenta y
setenta y ocho años en la ciudad de Buenos Aires.
Nuestro
propósito será recorrer los usos argumentativos, la disposición subjetiva
frente a las nuevas relaciones de pareja y las representaciones sociales que se
entretejen en las mismas.
(...) Estaba muy
sola, yo soy muy miedosa, soy muy miedosa. Pensando que yo a mis hijas no las
quiero jorobar, no quiero ser una carga para ellas, quizás que me tengan que
tener, entonces como yo fui una persona que nadie me molestó en mi vida, yo no
quiero hacer infeliz a mis hijas.
(...)Cada cosa
ocupa su lugar Ellos no iban a ocupar el lugar que me faltaba.
- Contame más
acerca de ese lugar que te faltaba.
Es un lugar que no
se como te lo podría explicar que yo estoy con ellos y me sentía que
molestaba, que no era mi lugar ese. Que yo estaba usurpando la vida de
matrimonio de mi hija.
(...)
Claudia al principio me dijo que nunca se imaginó que su mamá iba a hacer
eso (casarse). Pero después lo aceptó porque es bastante inteligente. Ella no
me puede brindar todo lo que una hija puede brindar a la madre. Es mi hija
vivimos acá a 100 metros, pero bueno es lógico ella no puede darme 15 hs. de
su vida para mí. Ella habrá pensado bueno mejor que mi mamá tenga una compañía,
a ver si le pasa algo o no se siente bien tiene alguien que le va a arrimar una
taza de té. A veces los hijos no lo hacen porque los padres quieren que lo
hagan, pensando en ellas. Isabel
Tenía miedo por
mis hijos por lo que podían pensar de mi, y pensaron... pero un 25 de diciembre
que me encontré solita, me permitió pensar y tomar una decisión y me dije
basta de sufrimientos de soledad, y esa misma noche le dije: sí, me voy a vivir
con vos, con miedo pero me fui.
(...)
Yo a mis hijos les dije: “papá está muerto, yo ya cumplí como esposa tengo
67 años, ¿qué quieren? Que siga llorando en una tumba... ¡No!, no se puede
vivir así” Elvira
Resulta
interesante rastrear el orden argumentativo que plantean Isabel y Elvira. La
soledad como marca personal y la falta de lugar dentro del ámbito de la familia
de los hijos resultan claves en ambas historias para justificar su decisión. En
Isabel existe por un lado una cierta comprensión de que ese no es el lugar,
tanto como ella no tuvo que darlo a otros, que necesita mucho tiempo y su hija
no lo puede brindar. Sin embargo el tono irónico no deja de evidenciar una
demanda hacia su hija que no termina de resolverse. Las demandas culturales
parecen confundirse entre un pedido de que sean los hijos quienes se hagan
responsables por sus padres, la cual es a una representación social aun vigente
y un mito pret- a- porter y otra demanda de autonomía que la autoriza a
buscar por otras vías y modificar el ángulo de la demanda.
“Ella
no me puede brindar todo lo que una hija puede brindar a la madre” en esta
frase, francamente acusadora, aparece un recurso que la hija tiene y puede
brindarlo pero parece que no quiere. Este no querer justifica su autonomía ya
que, si como objeto de cuidados por parte de las hijas ella no logra lo que
necesita, deberá conseguirlo por otro lado. Sin embargo esta justificación se
revela insuficiente en el decurso de la entrevista donde devela otros deseos no
contenidos en la postulación anterior. Isabel refiere “un lugar” que no
puede ocupar su familia y que emerge como un resto que no se debería leer por
la simple sensación de exclusión.
En
Elvira aparece otro planteo interesante referido a la “cualidad de las
viudas”. Su acto se justifica en un presupuesto ético que se encuentra en las
nuevas representaciones sociales “no llorar sobre una tumba”. En este
contexto es una forma de decir que la vida no se detiene por otro y al mismo
tiempo una disposición negativa al permanecer en el lugar de viuda, que refleja
la situación actual frente a esta temática que Ph. Ariès dio en llamar la
Muerte Invertida.
Para ello sigamos con otros párrafos de las entrevistas
Yo necesité que él
me necesitaba mucho, mucho. Yo encaré todo, no me interesaba nada, tal es así
que la encaré a mi hija cuando tenía la casa ya para permutar. Dora
Los hijos son
hermosos, son necesarios, son un mal necesario pero nunca te llegan a comprender
como te comprende una pareja. La pareja si está bien, te acepta las cosas que a
vos te gustan hacer. Isabel
Esos años que yo
viví sola estaba muy pendiente de ellos y en el momento que empecé la relación
con Tito sentí que hacía un giro, que me movía y el centro de mi vida
cambiaba. Pero lo sentí como una cosa muy, muy fuerte, los chicos se achicaban
y el centro de mi vida pasaba a ser Tito. Como que la pareja era muy fuerte y
los hijos se atenuaban, ¿creo que es sano no, no depender tanto de los hijos? Quelly
Yo
te digo una cosa, desde que él fue a mi casa, yo no pienso más nada de que me
puede pasar algo, o que estoy enferma, o que estoy sola. Antes que me sentía
sola, que lloraba, que buscaba ayuda, o que andaba mal por mis hijos. Ahora no
tengo ese problema. Me siento bien, como que estoy viviendo otra vida, de lo
pasado ya no me acuerdo más nada. Esta es mi vida y este es mi amor de gente
grande, de mayor. María Elena
De esta manera aparece
una sensación de intimidad que apunta a otro, sin reflejar una demanda a la
familia sino a un otro particular con características de pareja. En Dora cuando
aparece la pareja se colma “la necesidad de ser necesitada” lo que le
permitirá ir más allá de la familia.
Un fuerte viraje se
advierte en Isabel en el que la pareja da algo que la familia no puede dar. La
comprensión parece definir el colmar un deseo específico.
En Quelly se resume
con más claridad este cambio de posición. En la pregunta y posterior afirmación:
“¿creo que es sano no, no depender tanto de los hijos?” se evidencia
una nueva moral social entretejida con el discurso de la salud mental, muy
asociado en la Argentina a la divulgación del psicoanálisis. El que alegando
el temor de los fantasmas edípicos alientan el ideal de autonomía.
María Elena de un
modo más evidente articula este vacío que se colma con la presencia de su
pareja cerrando espacios demasiado abiertos. Apuntando a un más allá asociado
al amor.
Mirá yo
esperaba ese momento de la llamada y que alguien se preocupe, que me
tuviera en cuenta. Isabel
-
Yo nunca enfrenté nada, no me animaba a irme de la casa con mi hija. Hasta que
lo conocí a él
-
¿Qué es lo que te dio tanta valentía?- No sé, el amor de él. Lo que él
sentía hacia mí, el me necesitaba él estaba solo, estaba muy solo. Dora
El
amor de viejos te viene. Imagináte, no tenés amor y conseguís un amor. Hacés
de cuenta que empezás la vida de vuelta. Omar
La preocupación del
uno hacia al otro emerge como generador de amor.
Las respuestas en torno al amor encuentran una argumentación válida en
la recuperación de un lugar para el otro, ya sea desde el deseo del otro hacia
uno como desde el de uno frente a la necesidad del otro. Introduciendo variables
sumamente ricas.
En Dora aparece la
posibilidad de animarse a romper con su forma de vida, su casa por el amor del
otro aparece en un lugar homólogo al de su necesidad y su soledad. El amor
surge de la carencia en el otro.
En Omar el amor “de
viejo” posibilita reanudar la vida, entre el no tener y el tener. Dando lugar
a la pregunta sobre la especificidad o la posibilidad del amor a esta edad.
Los que dicen que
de viejos no existe el amor son mentiras. Dora
El amor de viejos
es un amor que dura. Porque nos conocimos y nos juntamos de viejos. Ella tiene
que pensar en ella, ya crió a los hijos, a los nietos y yo ya no tengo más
nada, tengo a mis hijos a mis nietos y es igual. Pero nosotros tenemos que
cuidarnos a nosotros, ella me cuida a mi y yo la cuido a ella. Eso es amor de
viejos. Omar
A esta altura de
nuestras vidas las cosas, posiblemente, llegan a ser más importantes. Yo lo viví
a pleno el civil porque la primera vez no lo viví tan a pleno. Dejaba a mis
padres, a mi familia, mi forma de vida. Ahora no iba a tener una compañía y
necesitaba la compañía. Isabel
Me
pareció muy gracioso volver a enamorarme, que ya no se podía, que era cosa de
chicos jóvenes. Quelly
Yo me enamoré por
primera vez a los 18 años y me volví a enamorar a los 66, yo creo que me agarró
más fuerte, porque cuando una es chica se deslumbra, tiene la juventud tiene
todo y uno se quiere llevar todo por delante. Ahora es otra cosa, porque yo
requería de un hombre que me agarre de la mano, que me abrase, que me bese, que
no mire los años, que no mire mis canas o que las mire pero no les importen.
Elvira
No en el registro
civil. Fue muy, fue bravo. Fue bravo porque te digo que... que a esa edad te
pregunten ¿acepta por esposo?, que se yo, fue medio emotivo, con ganas de
ponerse a llorar no de contestar. Ya una persona de esa edad, que se esté
casando... es muy lindo. Es muy lindo casarse
para estar unida en la vejez. En la juventud es más fácil pero a la
vejez no. Dora
El
va con el mate, después anda con el "no me diste el beso", que viene
y que me abraza, todo así, pero normalmente no fingido, como cuando uno es
joven. La gente joven finge más, por lo menos me pasaba eso a mí. María
Elena
Aceptar
a uno como es y al otro como es. Pensar que con uno va a cambiar por que yo soy
distinta o que por amor va a cambiar ese tipo de fantasía que una tenía cuando
era jovencita la borré totalmente. Acá el otro es así y yo soy así. Quelly
En
esta división que se forma entre el amor de “antes y después” así como en
una serie de definiciones dadas surge una serie de características propias que
conformarían una estética del “amor de viejos”, como lo expresa Omar. Una
de las características expresadas se refiere a que el amor de juventud aparece
más ligado a la rapidez, la prepotencia y al fingimiento, mientras que el amor
de viejos se define como un amor menos narcisista lo cual determina una mayor
aceptación del otro y menor
omnipotencia por estar más asociado a la carencia, a la soledad, a la
dificultad y a expectativas menos idealizadas. Otro rasgo que lo caracteriza es
la exclusividad. Hay pocos objetos que cuidar y a su vez una fuerte necesidad a
colmar. Surgiendo también una sorpresa: la sexualidad y el erotismo.
Divina... fuimos
muy felices en lo sexual de gozar muy bien los dos, fuimos muy felices en el
lado sexual hasta que él se enfermo y eso para él se terminó y no había sexo
entre nosotros dos. Dora
Demasiado bien. No
vas a ponerte gente mayor con gente joven, es otra cosa... te digo la
verdad yo no noto la diferencia, al contrario estamos más libres por que cuando
uno está en una casa comparte la casa con sus hijos que van y vienen. A veces
hay otras cosas que uno no puede manifestar. Entonces ahora estamos a pleno los
dos. Isabel
Yo veo que ahora
dentro de las limitaciones que nos pone la edad la disfrutamos muchísimo,
porque nos adaptamos a lo que somos. Roberto
La
atracción que ejerció y que ejerce Quelly ahora es importante y no decisiva.
Hay una cosa de erotismo muy ligada al sentimiento afectuoso, quizás en otro
momento yo pude vivir desprendidos ambos sentimientos (...) En mi pareja actual
las cosas van juntas. Tito
Tampoco siento una
decadencia marcada de aquello que se señala en los viejos. Yo voy a cumplir
setenta años y siento que tengo... capacidad... erótica, desde ya porque eso
es otra cosa y siento que tengo capacidad genital de un nivel sumamente
aceptable. Seguramente he tenido más pero no la descubro. Tito
De mi pareja no
(importancia del aspecto estético). Yo me sentía desvalorizada físicamente y
eso me inhibía mucho en mi primer experiencia. Después con Tito no, para nada
me hizo sentir muy bien. También es muy importante eso que Tito me haga sentir
bien, que para él sea una figura atractiva y erótica, eso me hace sentir muy
segura. Quelly
No
vas a hacer la vida que hacías antes, cuando eras soltero. No te voy a decir
que vas a hacer uso sexual dos o tres veces a la semana, pero con que lo hagas
cada dos semanas una vez, es suficiente. Con el amor y el cariño que hay no
necesitás más. Es como si lo hicieses todas las semanas. Omar
El
erotismo también asume para algunos entrevistados características
particulares. En principio aparece la sorpresa frente a la capacidad genital
existente y en donde la diferencia con lo anterior se presupone aunque no lo
adviertan realmente. Quelly nos cuenta su modo “presumiblemente” femenino e
histérico de abordar el deseo no tanto por las dotes del objeto sino por el
deseo que como objeto cause en el
otro, lo cual la aleja de la problemática de los ideales estéticos como
barreras para el amor y el deseo en esta etapa vital. Tito en concordancia con
Omar nos refiere una presunta unión de las “corrientes sexuales” erótica y
tierna que imbrincarían su deseo, lo cual quizás atenúe las autoexigencias
sobre la sexualidad y los miedos al mal desempeño. Roberto, también parece
librarse de estos temores, aludiendo a la premisa de adaptarse a lo que uno es.
Notamos
dos posiciones teóricas frente a la sexualidad y el erotismo. Una que introduce
Tito separando la capacidad erótica de la genital, la otra sosteniendo la
premisa de la diferencia con la juventud aunque no la imposibilidad o la negación
de la sexualidad. Ambas coinciden con la amplia difusión de teorías psicológicas
sobre la sexualidad en los mayores en las últimas décadas.
Concluyendo:
Partimos
deconstruyendo ciertas nociones de vejez y familia que nos permiten pensar la
movilidad de las construcciones sociales. Para el caso encontramos en este
dispositivo las nuevas parejas de personas mayores, que siempre han existido,
aunque actualmente aparecen como un modelo ajustable a las exigencias de autonomía
y actividad que se les demanda a las personas mayores. Recurso que posibilita un
cuadro familiar en el que los mayores no sean los convidados de piedra sino
personajes adecuados al mismo estilo de vida que el resto de los participantes.
Bibliografía
Aries, Ph.: L’Homme devant la mort. Ed. Seuil, Paris 1977
Bourdellais,
P.: L’Age de la Vieillesse. Ed. Odile Jacob, París 1993
De
Vries, B.: Conferencia en el Congreso Mundial de la IFA no editada Mar del Plata
2001.
Iacub, R.: Proyectar la vida. El
desafío de los mayores. Ed. Manantial. Buenos Aires 2001.
Kertzer, D. and Laslett, P.: Aging in the past. Demography, Society
and Old Age.